Me siento orgulloso del tequila: del que se produce en el icónico estado de Jalisco, su principal exponente; del que nace en municipios de Guanajuato, Michoacán y Nayarit; y, desde luego, del que se produce en mi natal Tamaulipas.
El tequila no es solo una bebida: es identidad, trabajo y sabor a México. En cada botella hay surcos, paciencia, empleos y una industria que representa al país.
Hace un par de días, Alan López (@soyalanlpz), ingeniero agrónomo y productor de agave, documentó en sus redes sociales, desde el campo y desde su experiencia, la caída en el precio del agave.
Lo busqué y platicamos sobre lo que hoy viven los productores de agave, atrapados entre un mercado tequilero que crece y un campo que todavía sigue pagando la cuenta de sus días de mayor felicidad.
Me platicaba Alan que, durante la pandemia, la industria tequilera vivió un boom de demanda internacional. El kilo de agave llegó a pagarse en más de 30 pesos, una cifra que ofrecía márgenes de ganancia extraordinarios y que llevó a muchos a sembrar agave.
Los números son claros: entre 2019 y 2024, el número de agaveros registrados pasó de alrededor de 8,000 a más de 42,000.
Fue así como el agave atrajo a inversionistas y productores que lo identificaron como un cultivo rentable, de bajo consumo de agua y costos de producción reducidos.
Sin esquemas de escalonamiento ni mecanismos de coordinación, miles de hectáreas comenzaron a sembrarse. La consecuencia fue inevitable: una sobreoferta que hoy presiona los precios a la baja.
El kilo de agave dejó de pagarse por encima de los 30 pesos y hoy se paga al productor entre 50 centavos y 1.50 pesos.
Algunos logran obtener un mejor precio, pero de por medio están intermediarios, contratos y condiciones de acceso a las plantas tequileras.
Ante una caída de esa magnitud, el nivel de inventarios que hoy tienen las tequileras importa, y mucho. Hay señalamientos sobre una posible manipulación del mercado, pero más allá de ello hay un hecho innegable: se sembró agave en todos lados, incluso en los cerros, sin planeación ni control. Falló el mercado y faltó la acción del gobierno.
El tequila sigue siendo el segundo producto agroalimentario más importante en exportación, pero el precio que recibe el productor es muy bajo.
El agave crece lento, su ciclo toma siete años... y después, un tequila con sabor al campo mexicano.