Política

La otra cara de la celebración

México volvió a salir a las calles para celebrar.

El triunfo de la Selección reunió a familias y aficionados que querían compartir un momento histórico. Por unas horas, millones de personas se sintieron parte de una misma emoción.

Sin embargo, la celebración también dejó imágenes que nadie quería ver.

En la Ciudad de México murieron cuatro personas durante los festejos en Paseo de la Reforma. Hoy las autoridades capitalinas hablan de reforzar la seguridad y la protección civil, aunque parecía cuestión de tiempo para que ocurriera una tragedia en el epicentro de las celebraciones.

La responsabilidad es compartida. Las autoridades fallaron en garantizar la seguridad, pero también hubo excesos entre los aficionados.

Hay que recordar que en Los Cabos y Chihuahua conductores embistieron a grupos de personas. En Los Cabos, el automovilista fue golpeado por la multitud y murió días después.

En ambos casos, los vehículos fueron rodeados y zarandeados hasta provocar miedo o enojo en sus conductores. Nada justifica acelerar contra una multitud; celebrar tampoco significa bloquear, golpear o sacudir automóviles.

Reconocer toda la secuencia no reduce la responsabilidad de nadie. Al contrario: permite comprender cómo se construye una tragedia cuando la multitud deja de reconocer a las personas y comienza a actuar sin pensar en las consecuencias.

Son hechos distintos, unidos por una misma advertencia: la alegría colectiva puede convertirse en tragedia cuando perdemos los límites.

No se trata de condenar la celebración ni de renunciar al espacio público, sino de entender que una concentración así exige prevención, organización y responsabilidad. Para esas familias, el Mundial ya significó tragedia.

Las autoridades debieron anticipar riesgos y emplear todos sus esfuerzos, aunque es cierto que la responsabilidad también recae en nosotros.

Hemos hablado de recuperar las calles y reconstruir el tejido social. Hacer comunidad significa, esencialmente, respetarnos y entender que el espacio público no pertenece a la persona o al grupo más violento o eufórico. Nos pertenece a todos.

México todavía puede celebrar. Ojalá lo haga con la misma pasión, pero con mayor responsabilidad.

Porque una fiesta verdaderamente colectiva no se mide por cuántas personas reúne, sino por lograr que todas regresen a casa.


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Saúl Barrientos
  • Saúl Barrientos
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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