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Viernes , 19.04.2019 / 21:47 Hoy

Prospectivas

Alianza fatídica

Saúl Barrientos

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Está claro, la democracia ha triunfado en el terreno de los valores, tanto que incluso los dictadores gobiernan en su nombre.

En el mundo de hoy, a diferencia del de principios del siglo pasado, las democracias no están cayendo por golpes militares o acciones revolucionarias; las armas no son de fuego, son constituciones; las balas consisten en la gran cantidad de votos que se traducen en una enorme acumulación de poder.

Las democracias se están desmantelando desde adentro y casi de manera imperceptible hasta que es demasiado tarde.

En el libro “Cómo Mueren las Democracias” de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, los autores refieren que todos los políticos en algún momento afrontan grandes desafíos; en este sentido señalan que frente a adversidades como crisis económicas, el descontento del pueblo y el declive electoral, si aparece en escena un líder carismático y consigue popularidad desafiando el orden establecido, los políticos en el poder sentirán la tentación de incorporarlo para no perder el orden, para desahogar presión.

Los autores hablan de los casos de Italia y Alemania, y relatan con detalle lo ocurrido en Venezuela, donde a Hugo Chávez fue justamente un presidente quien le abrió la puerta para acceder al poder a través de la vía democrática, incluso después de haber intentado en dos ocasiones dar un golpe de Estado.

Rematan su intervención con una frase que pronunció un encumbrado canciller que apoyó a Hitler: “Acabo de cometer la mayor estupidez de mi vida: me he aliado con el mayor demagogo de la historia mundial”.

Tras leer esto, vale la pena hacer la siguiente reflexión: en un México desigual donde tenemos a uno de los 10 hombres más ricos del mundo y a más de 60 millones de personas en situación de pobreza y pobreza extrema; donde los escándalos de corrupción han sido de mayor dimensión mediática; donde la aprobación del Presidente anterior alcanzó mínimos históricos; y donde el partido en el poder el sexenio pasado tuvo importantes descalabros electorales, ¿no habrá en unos años más de un político, que como el canciller alemán, se arrepienta de haberse aliado con alguien que está acumulando tanto poder?

Existe un riesgo real; minimizarlo es cometer un error que ya ha costado mucho en otras partes del mundo. _

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