Política

París y la dictadura del algoritmo: cuando la perfección ya no es un privilegio

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“Al que escupe al cielo, le cae en la cara”, dicen coloquialmente por ahí, y hay que ver lo que pasó con la Semana de la Alta Costura en París. Pues los mismos gurús de la moda y lujo, quienes durante décadas han dictado estándares inalcanzables de belleza y perfección tanto en cuerpos como en prendas, hoy denuncian violencia estética por los cuerpos de modelos y prendas generadas por IA.

Primero, el desfile de Alexis Mabille hace pocos días, que presentó una colección inmersiva donde las prendas no existían físicamente, sino eran proyecciones digitales. Esta propuesta desató una fuerte crítica, ya que la alta costura en Francia, al día de hoy, había sido definida por el savoir-faire y el trabajo manual realizado en los talleres. Muchos expertos consideraron que esto constituye una "desmaterialización del lujo", rompiendo con el orden no escrito de la alta costura, cuya esencia radica precisamente en la exclusividad de la prenda física y su ajuste preciso al cuerpo.

Segundo, la campaña de la marca Guess, documentada en Vogue hace un año, pero que el evento con Mabille revivió incluso con más auge a la par. En dicha campaña, se utilizó una modelo creada por IA con una piel simétrica y perfecta, sin poros o marcas reales. Ante ello, se ha retomado el debate por los ideales y cánones de belleza imposible.

No obstante, no estamos ante una crítica genuina o libre de intereses. Pues no es una defensa de la humanidad, sino una guerra por la preservación de una élite cuyo monopolio sobre lo "impecable" ha sido roto por un algoritmo. Pues las quejas de grupos defensores de la salud mental y física, o de activistas que hablaban de la explotación y la plusvalía de las mercancías elaboradas por artesanos, habían sido sistemáticamente ignoradas, hasta que hoy, que los intereses de grupos poderosos son tocados, se retoman en el debate público.

Pues si la IA permite que cualquier persona acceda a una perfección visual —sea en el diseño de una prenda o en la simetría de un rostro—, el valor de mercado de lo "impecable" se desploma. La élite no teme por el valor creativo o la salud mental de las audiencias; teme que la perfección, al dejar de ser un bien escaso y artesanal, no sea más un activo que justifique su posición de privilegio.

Para los mortales, esta revelación debería ser en realidad un alivio, no una amenaza. La IA ha logrado elevar el canon estético a un plano tan estrictamente imposible, que el engaño queda al descubierto: la perfección que antes se nos exigía como una meta alcanzable es ahora, por fin, reconocida como lo que siempre fue: algo inhumano. Este es el gran servicio de la tecnología; al radicalizar la "perfección" tanto en la ropa como en la piel hasta convertirla en un producto digital evidente, nos releva de la carga de intentar cumplirla.

Si ambos estándares son ahora construcciones artificiales al alcance de un software, el poder del canon se derrumba. Pues la verdadera distinción, aquello que permanece fuera del alcance del algoritmo, es el cuerpo artesanal: con su historia, su asimetría y su imperfección necesaria.

Ahora bien, la alta costura podrá seguir buscando la seda y escudándose en el trabajo manual para mantener su exclusividad, pero el ser humano puede dejar de tratar [de] alcanzar la divinidad estética; simplemente que la perfección… es para los algoritmos.


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Sarai Aguilar Arriozola
  • Sarai Aguilar Arriozola
  • Doctora en Educación, máster en artes, especialidad en difusión cultural
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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