Política

El expríncipe Andrés y Jeffrey Epstein: normalizar la trata

Cuando la desvalorización estructural y sistemática que han vivido de forma histórica las mujeres se ve atravesada por las redes de poder, surgen entonces casos como el de Jeffrey Epstein.

El caso de trata y abuso de menores de edad, lidereado por Jeffrey Epstein, y que involucra a decenas de hombres en posiciones de poder, ha cimbrado socialmente en estos días que ha permeado información y se le ha puesto cara a los abusadores.

En días pasados las alertas mediáticas sonaron con la detención del otrora príncipe Andrés, hermano del rey de Gran Bretaña, Carlos III. El hoy llamado Andrés Mountbatten Windsor fue arrestado bajo sospecha de mala conducta en cargo público.

No se conocen los detalles específicos de las acusaciones de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público que están siendo investigadas y que han motivado su arresto y el registro de sus propiedades. Sin embargo, no son las únicas a las que se enfrenta el expríncipe.

Es bien sabido que en la última década, desde que se destapara su amistad con el financiero estadunidense y fuera acusado de abusar sexualmente de una menor, Andrés ha estado en el ojo público. En enero pasado fue acusado por una segunda mujer de haber sido enviada a Reino Unido expresamente para un encuentro sexual con el entonces príncipe. Si bien él lo ha negado categóricamente, han salido a la luz fotos y acuerdos de confidencialidad millonarios con sus acusadoras.

Pero más allá del cotilleo de farándula o de la realeza, lo alarmante –además de la impunidad con la que una red de explotación sexual de menores de edad pudo actuar– es la normalización de la cosificación de los cuerpos y la validación de la cultura de violación en las élites. Esto es, la tratasexual percibida como práctica tolerada —e incluso funcional— dentro de ciertas élites políticas, financieras y sociales.

Eso solo se puede entender desde una cultura patriarcal donde el cuerpo de las mujeres y niñas carece absolutamente de valor más que para ser traficado como un pasaporte de favores y relaciones. La violación como moneda de cambio.

Porque eso es lo que implica la trata. El acceso para poder violar a personas, no es un mero comercio sexual. No se está hablando si estaban las víctimas en edad de consentimiento o no, sino que en este caso en especifico no existía siquiera dicho consentimiento. Pues al margen de que diferentes investigaciones y medios en su momento han tratado de exhibir que algunas menores de edad recibían pagos por enganchar a otras menores de edad, se olvida que antes que enganchadoras, esas adolescentes eran víctimas del mismo tratante. Que las involucraba para repartir su culpa, garantizando así su silencio.

En efecto, es de reflexionar en la corrupción de las autoridades que hicieron caso omiso de las denuncias mediante coerción y sobornos. Es de festejar que personalidades de poder sean procesadas y caiga el peso de la ley. Pero es de alarmar que no se trata de que solo caigan personas, sino que el sistema que permitió comprar cuerpos como objetos desechables también caiga.


Google news logo
Síguenos en
Sarai Aguilar Arriozola
  • Sarai Aguilar Arriozola
  • Doctora en Educación, máster en artes, especialidad en difusión cultural
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.