Política

Brigitte Bardot: la complacencia al patriarcado

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No siempre los legados los purifica la muerte ni toda memoria es digna de rememorarse sin cuestionamientos.

Brigitte Bardot, una de las actrices más influyentes del cine europeo del siglo XX e icono internacional desde la década de 1950, falleció el 28 de diciembre de 2025 a los 91 años.

Durante la década de 1960, Brigitte Bardot fue seleccionada como el rostro oficial de Marianne, símbolo de la libertad francesa. Posteriormente, adquirió relevancia como figura pública, destacándose por representar a una mujer contemporánea que no se adhería a los estereotipos tradicionales y, tras su carrera frente a las cámara, como activista en defensa de los animales.

No obstante, sus últimos años distaron mucho de ser bandera de cualquier causa libertaria o agenda social progresista. Bardot estuvo presente tantas veces en los tribunales que, en 2008, el fiscal declaró que estaba "cansado" de acusarla.

En su figura, más allá de su rol como actriz e incuestionable sex symbol, sigue siendo tema polémico el que grupos conservadores quieran enunciarla como representante de los valores de Francia, que históricamente se ligan a la libertad, igualdad y fraternidad. En sentido totalmente opuesto, Bardot acumuló varias condenas judiciales por racismo y xenofobia. Entre las más deleznables se pueden citar sus comentarios sobre la inmigración y el islam, entre los cuales afirmó que Francia estaba siendo invadida por musulmanes, esto en 1999 en su libro “Le Carré de Plutón”. En 2008 afirmó que dicha población estaba destruyendo el país. Estos comentarios le valieron una multa que no pareció haber hecho gran mella en la diva, pues en 2022 volvió a ser sancionada con 40 mil euros por haber afirmado que los habitantes de la Isla Reunión eran degenerados que conservaban genes salvajes.

Y si bien referentes feministas la reconocieron y destacaron que Simone de Beauvoir le dedicara un artículo en Esquire en 1958, a últimas fechas sus comentarios dejaron un sinsabor en la agenda feminista. Para Beauvoir en los cincuentas, Bardot representó “una libertad sexual que desafiaba al patriarcado”, según dijo hace un tiempo a EFE el historiador del cine Antoine de Baecque.

Valdría la pena replantearse si esta supuesta libertad sexual no era más bien una complacencia al patriarcado mismo, desde una supuesta liberación que más bien se convirtió en cosificación y no en disidencia. Ella misma ratificó ante la irrupción del #MeToo su desagrado por este tipo de denuncias: “después, para que se hable de ellas, cuentan que han sido objeto de abusos”, decía.

Bardot se jactaba: “Yo nunca he sido víctima de acoso sexual. Y me parecía encantador que me dijeran que era guapa o que tenía un buen cuerpo.” Todo esto ella lo calificó como agradable, como si su propia experiencia invalidara el sentir de otras.

A estas polémicas se suman el desagrado por la maternidad y sus declaraciones sobre la infelicidad que le dio convertirse en madre, lo cual le costó demandas incluso de su propio hijo. Bardot no entendió que no entendió. Desde ese feminismo que ella denostó se pudo haber gestionado de una manera más sana y menos dañina para ella su deseo de no ser madre.

¿Su postura ideológica minimiza su creación artística? No. ¿La muerte la reivindica de sus dichos? Tampoco. “Muchos de mis papeles y mis películas me parecen carentes de sentido”, dijo alguna vez. Quizá se refería a algo más que su arte.


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Sarai Aguilar Arriozola
  • Sarai Aguilar Arriozola
  • Doctora en Educación, máster en artes, especialidad en difusión cultural
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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