Mejor que hayan sido políticos que médicos. Cada vez aciertan en el diagnóstico, pero se equivocan en el remedio. La propuesta de reforma electoral presentada el día de ayer atiende un tema muy relevante: los partidos mexicanos no son entidades de interés público sino propiedad, casi privada, de unos cuantos.
Los dueños de Acción Nacional son los llamados padroneros, los cuatro o cinco líderes que controlan los padrones empleados para seleccionar las candidaturas.
El propietario del Partido Revolucionario Institucional se llama Alejandro Moreno, el del Partido del Trabajo, Alberto Anaya, el del Verde, Jorge Emilio González y el de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado.
Si Morena estuviera exenta de este problema, la presidenta Claudia Sheinbaum no andaría promoviendo su reforma electoral. Ella sabe que ese mal habita también su propia casa.
La iniciativa pretende quitarles a las cúpulas un pedazo de ese control muy centralizado de los cargos de representación. Para ello propone someter al voto directo las candidaturas de representación proporcional.
Ante el dilema que significa la concentración del poder en unas cuantas manos, el remedio es casi un placebo.
Nombremos al problema con todas sus letras: la mayor deuda democrática de nuestro país es la inexistencia de partidos democráticos en su vida y comportamiento internos. Es un absurdo suponer que dictaduras al interior puedan comportarse democráticamente en el exterior.
A su vez, la existencia de partidos antidemocráticos se debe a sus liderazgos y estos son el producto de las reglas existentes para entronizarlos. En efecto, la causa de lo causado no son los partidos ni los liderazgos sino las reglas que les regulan.
El hecho de que todos los partidos mexicanos padezcan la misma enfermedad da prueba de ello y por tanto en su reforma estaría la posibilidad de cambio.
Sin instituciones que garanticen el derecho de la militancia a participar dentro de sus formaciones políticas con garantías mínimas para competir y ganar por mérito propio, a través, por ejemplo, de elecciones internas —también llamadas primarias— muy poco van a cambiar las cosas.
Zoom: La serpiente, sin embargo, se muerde la cola cuando las reglas para la entronización de liderazgos antidemocráticos continúan siendo intocables. Ejemplo de ello es que la reforma Sheinbaum propone una curita para una herida que necesitaría cirugía mayor.