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¿Tu receta secreta la puede replicar la IA?

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  • Salvador Peynado

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Imagina que uno de los mejores restaurantes del mundo, con tres estrellas Michelin, publica mañana sus recetas: ingredientes, cantidades, temperaturas, tiempos y procedimientos. Otro restaurante podría comprar los mismos ingredientes y seguir las instrucciones al pie de la letra. Incluso un buen cocinero podría acercarse mucho al platillo original.

Pero tener la receta no entrega automáticamente los años de experiencia del chef, su criterio para elegir ingredientes, la precisión del equipo, la coordinación de la cocina, los proveedores, la consistencia del servicio, la presentación o esas pequeñas decisiones que se toman mientras el plato se prepara, sirve y entrega al cliente.

Durante años muchas empresas protegieron su conocimiento porque saber cómo hacer algo representaba una ventaja. Hoy buena parte de ese conocimiento puede obtenerse, explicarse y reproducirse con inteligencia artificial. Podemos pedirle cómo desarrollar una campaña, estructurar una estrategia comercial, diseñar una página, programar una aplicación, preparar una propuesta o resolver tareas que antes dependían de especialistas.

En otras palabras, la receta se está abaratando.

Y eso obliga a preguntarnos: ¿dónde está realmente el valor de nuestro negocio?

Si nuestro diferenciador consistía en conocer un procedimiento que los demás desconocían, la IA empieza a reducir esa ventaja. Alguien puede conocer nuestros ingredientes, estudiar nuestra metodología y reconstruir buena parte del proceso.

Lo difícil de copiar debería estar en otro nivel: el criterio acumulado, la ejecución, los procesos propios, la información, las relaciones, la capacidad para resolver excepciones, la consistencia y esas pequeñas decisiones que no aparecen completas cuando simplemente escribimos la “receta”.

Porque no es lo mismo tener una receta recomendada por la IA, presupuesto, ingredientes, tiempo y ganas de cocinar, que ser un buen chef, crear tus propios platillos y renovarlos cada tres meses.

En la vida real esto pasa cuando un cliente me dice con mucha frustración: “Me copiaron… mi competencia ya está haciendo exactamente lo mismo que yo inicié hace un año”.

Mi respuesta inmediata fue: qué bueno, ya era hora de que te dieras cuenta de tres cosas:

1.- Tu estrategia de diferenciación no puede quedarse quieta. Lo que siga funcionando después de tres meses puede integrarse como parte estable de la marca, pero necesitas incorporar algo nuevo cada 90 días.

2.- Ese cambio no implica empezar desde cero ni desechar lo que funciona. Puedes ajustar la forma de contarlo, presentarlo o potenciarlo desde el branding, el marketing y la tecnología para hacerlo más visible, rápido o escalable.

3.- Y lo más importante: que la competencia haga algo parecido no significa que deba llamarlo igual. Desde el nombre puedes marcar una diferencia; tu forma de venderlo, explicarlo o entregarlo debería tener una identidad que los demás no puedan apropiarse.

La competencia puede aprender tu receta y la IA puede ayudarle a reproducirla. Por eso, un diferenciador no debería permanecer demasiado tiempo en el menú: cuando los demás aprendan a cocinarlo, tu negocio ya tendría que estar preparando la siguiente versión.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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