Política

El informe de la Post verdad

Lo que debió ser un informe de gobierno terminó convertido en un acto partidista para conmemorar el segundo año del triunfo del llamado segundo piso de la Cuarta Transformación. Más que una rendición de cuentas ante la nación, el evento encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum pareció un ejercicio de reafirmación ideológica dirigido a la militancia morenista. El problema es que la celebración ocurrió en uno de los momentos más complejos y delicados que ha enfrentado su administración desde que inició funciones.

La principal sombra sobre el gobierno federal sigue siendo la crisis de seguridad. Los homicidios, la violencia criminal y la presencia de organizaciones delictivas continúan afectando amplias regiones del país. A ello se suma una percepción cada vez más extendida de que el discurso oficial insiste en minimizar los problemas mientras la realidad cotidiana de millones de mexicanos apunta en dirección contraria. Cuando la inseguridad se convierte en parte de la normalidad, la narrativa gubernamental deja de ser suficiente para convencer.

Aún más grave resulta la crisis de personas desaparecidas. México enfrenta una tragedia humanitaria de dimensiones históricas. Más de 72 mil cuerpos permanecen sin identificar en instalaciones forenses, una cifra que retrata el tamaño del colapso institucional en materia de búsqueda, identificación y acceso a la justicia. Frente a una realidad tan dolorosa, resulta inevitable cuestionar si era momento para festejos políticos o para una profunda reflexión nacional sobre las deudas pendientes del Estado mexicano con miles de familias.

Otro de los aspectos más polémicos del mensaje presidencial fue la defensa institucional de funcionarios y actores políticos vinculados a Morena que han sido señalados por autoridades estadounidenses o mencionados en investigaciones internacionales. En lugar de apostar por la transparencia y el esclarecimiento de los hechos, el gobierno optó por cerrar filas y presentar cualquier señalamiento como parte de una conspiración política. Esa estrategia puede funcionar para cohesionar a la base partidista, pero difícilmente fortalece la confianza ciudadana en las instituciones.

Especial inquietud generó también el manejo de la relación con Estados Unidos. En un momento de alta sensibilidad diplomática y comercial, las declaraciones presidenciales fueron interpretadas por diversos especialistas como un factor adicional de tensión. Algunos analistas incluso hablaron de un deterioro innecesario en la relación bilateral. México no puede darse el lujo de convertir la política exterior en un instrumento de confrontación ideológica cuando la estabilidad económica depende, en gran medida, de la cooperación con su principal socio comercial.

Llamó la atención una afirmación que difícilmente puede considerarse un simple error de discurso. Señalar que el dólar se encontraba en 14 pesos con 40 centavos no fue una equivocación menor, sino un ejemplo de lo que muchos califican como política de postverdad: construir una realidad paralela donde los datos dejan de ser relevantes y son sustituidos por afirmaciones diseñadas para reforzar una narrativa política. Cuando los hechos verificables pierden valor en el debate público, la rendición de cuentas se vuelve prácticamente imposible.

Pero quizá una de las imágenes más reveladoras de la jornada fue la presencia de los nuevos ministros de la Suprema Corte en primera fila del evento. Durante décadas, la división de poderes se sostuvo no solo en normas jurídicas, sino también en formas políticas e institucionales. Ver a integrantes del máximo tribunal del país ocupando un lugar privilegiado en un acto claramente partidista envía una señal preocupante sobre la independencia judicial y sobre la creciente cercanía entre el poder político y quienes deberían actuar como sus contrapesos.

El informe dejó una conclusión difícil de ignorar: mientras el gobierno celebraba sus logros, el país seguía enfrentando problemas estructurales que no desaparecen por decreto ni por discurso. La inseguridad, los desaparecidos, las tensiones internacionales y el debilitamiento de los contrapesos institucionales son asuntos demasiado serios para quedar ocultos detrás de un acto de celebración política. Cuando la narrativa sustituye a la realidad, el riesgo no es solo para un gobierno, sino para la salud democrática de toda una nación.


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Rubén Iñiguez
  • Rubén Iñiguez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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