El conservador puede afiliarse a un partido político y portar la camiseta, pero no es su militancia lo que realmente lo define sino su nostalgia del pasado. Rememora unos tiempos idos que en los hechos nunca vivió pero que anhela al vislumbrarlos como un paraíso perdido. De ahí, de su fantasía personal de que todo era mejor antes, se nutre su rechazo al presente: el mundo ya no está en manos de aquella gente buena y sabia, la comida ya no sabe igual, las tradiciones se han olvidado, los oficios ancestrales han desaparecido, los jóvenes son irrespetuosos o demasiado materialistas o excesivamente frívolos, la amabilidad ya no es un valor, etcétera, etcétera.
Pero, ¿quién es el gran responsable de todo esto y cómo llegamos hasta aquí? Pues, la repartición de culpas es justamente la gran materia prima de la que se sirve el conservador para señalar, para acusar y para denunciara los culpables de este estado de cosas. A cada uno de los desvíos o depravaciones corresponde un maligno causante. Aunque, miren, también se le pueden endilgar todos los males habidos y por haber al supremo Gobierno, en el entendido de que no lo encabezan los partidarios debidamente afines a los credos del conservadurismo sino los adversarios políticos.
En nuestro subcontinente el conservadurismo porta el disfraz de la izquierda, curiosamente. Tal vez no en cuestiones como la despenalización del aborto o la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo pero en todo lo demás los izquierdosos son desaforadamente obsoletos: su repudio abarca la práctica totalidad de lo moderno y por ello no intentan siquiera comprender el capitalismo actual (se quedaron en la “lucha de clases” marxista) ni se enteran de que el libre comercio es beneficioso para la economía de todos los países, por no hablar de temas como las nuevas tecnologías, los cultivos transgénicos o la globalización.
El régimen de la 4Tagita, justamente, el espantajo del conservadurismo para denostar a sus críticos. Pero, caramba, cuando ves que a la mandamás del Conacyt no se le ocurre mejor cosa que glorificar a las parteras de antaño en ocasión del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, te queda muy claro quiénes son los verdaderos conservadores, hoy, en este país.
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