Donald Trump es inamistoso con decenas de países y tan declaradamente injerencista que se permitió “extraer” de su guarida a un siniestro dictadorzuelo para instaurar, en la sufrida Venezuela, una suerte de protectorado. Curiosamente, dejó las riendas de la cosa pública en manos de una conspicua copartícipe del régimen chavista pero, en fin, nos queda meridianamente clara su disposición a inmiscuirse en los asuntos de una nación soberana, más allá, también, de sus oscuros intereses.
La incautación de Groenlandia, advertida en su momento a los daneses, todavía no ocurre y en estos momentos —fuera de la guerra contra los clérigos que avasallan al pueblo iraní, del espantajo de los aranceles, de los desprecios a los socios de la OTAN, de la suspensión de la ayuda a Ucrania y de los problemas domésticos que pretende disfrazar— , la cuestión iberoamericana — estamos hablando de su patio trasero, después de todo, aunque se expanda hasta los territorios más australes— figura de prominente manera en la agenda del antedicho mandatario.
Justamente, en lo que toca a injerencias, les avisó a los argentinos de que no les caería el maná de un muy sustancioso préstamo si no votaban por la coalición oficialista de Javier Milei, secundó declaradamente a Nasry ‘Tito’ Asfura, el candidato conservador en las elecciones presidenciales de Honduras y respalda a Abelardo de la Espriella, el aspirante presidencial de la derecha en Colombia, por no hablar de sus apoyos al chileno José Antonio Kast y a Daniel Noboa para ser reelegido en Ecuador.
O sea, que a Trump parece importarle, y mucho, lo que acontece en nuestro subcontinente. Tan visible y evidente resulta su postura que los estrategas de doña 4T, ejemplarmente previsores, han ya dispuesto las correspondientes ordenanzas legales para que las masivas elecciones que tendrán lugar en este país en 2027 sean fulminantemente anuladas por poco que el morador de la Casa Blanca meta las narices.
Es su patriótica defensa de la soberanía nacional, desde luego, mientras se desentienden de la otra, la que han perdido los millones de mexicanos sojuzgados por la delincuencia organizada.
Pero, bueno, estamos avisados: asomándose Trump por encima de la barda fronteriza, los de Morena, si no resultan ganadores, no van a reconocer el desenlace de las votaciones.