La “soberanía” es el término del momento. Brota inconteniblemente al reconstruirse la asombrosa intervención de las fuerzas especiales del Ejército de los Estados Unidos —los integrantes de la Delta Force, una unidad de élite más especializada todavía que los Navy SEAL, prestigiosos equipos de la Armada— comandada por Donald Trump en flagrante violación, pues sí, de la integridad territorial de la nación venezolana.
El asunto es que los países con sentimientos de culpabilidad (no estamos hablando, hay que aclararlo, del Reino de Dinamarca, constituido por tres naciones, una de las cuales, Groenlandia, está también en la mira del presidente imperial, sino de aquellos que se mueven, en este hemisferio, en la órbita del socialismo del siglo XXI) se perciben tan directamente concernidos (o, de plano, amenazados) que invocan, pues sí, el sacrosanto principio de la soberanía para conjurar el escenario de otra posible intervención militar.
En la lista de los posibles afectados figura México, miren ustedes, junto con Cuba, Colombia y Nicaragua. En lo que se refiere a nosotros, no se trata de que vuelva a operar la Delta Force, digamos, para derribar la puerta Mariana del Palacio Nacional, aprisionar a la presidenta Sheinbaum y llevarla esposada en un Lockheed C-130 a comparecer en la Corte Sur de Nueva York. Para nada. Los ardorosos llamados a que muramos los mexicanos defendiendo a nuestra primera mandataria —“en caso de invasión, todos los mexicanos daríamos la vida por la Presidenta, por la 4T y por México”, ha pregonado a los cuatro vientos uno de los más conspicuos propagandistas del oficialismo— no tienen el menor sentido, por no hablar de las histéricas consonancias del emplazamiento.
De lo que pudiere tratarse, llegado el caso, es de que escuadras de comandos de nuestro vecino país profanaran con su planta nuestro suelo patrio, ahí sí, para aniquilar a los delincuentes que desafían al Estado mexicano. Hablando, justamente, de la cacareada “soberanía”, no puede haber ciudadanos menos soberanos, en su propia tierra, que aquellos violentamente sometidos por los sanguinarios sicarios de los cárteles —el CJNG, el de Sinaloa, etcétera, etcétera— extorsionados, secuestrados y asesinados a diario.
Uno pensaría, entonces, que para ser verdaderamente soberanos tendríamos primero que limpiar nosotros la casa.