Política

¿Amiguitos de Rusia justo ahora?

En política la forma es fondo: un saludo, una declaración, un mensaje o un acercamiento son elementos, todos y cada uno, de estrategias calculadas premeditadamente para fijar posturas ante los otros jugadores. Pudiera parecer descomunalmente inoportuno –¡vaya sentido de la ocasión!— que un clan de diputados oficialistas de nuestro Congreso bicameral decidiera crear un Grupo de Amistad México-Rusia justo cuando el régimen de Vladimir Putin perpetra atroces salvajadas en un país que nunca representó otra amenaza que querer integrarse a la comunidad de naciones libres de Occidente (en lo que toca a los pretextos para la invasión, cabría preguntarse por qué la perspectiva de que Ucrania sea parte de la OTAN merece una intervención militar siendo que Polonia, nación aledaña, ya pertenece a la gran organización defensiva). Pero, miren, no fue desacertada ni inopinada la iniciativa sino, como se dice, fríamente calculada. O sea, nacida del impulso natural de exhibir públicamente las adhesiones, las preferencias y las simpatías.

¿A quién le ofrecen su amistad, por cierto? Pues no es al pueblo ruso, aunque así quieran que parezca. Porque, caramba, los súbditos de Putin son los primerísimos en padecer la impiedad del tirano: los jóvenes reclutas del ejército invasor, inexpertos e incautos, no sabían siquiera que les esperaban los horrores de una guerra real al ser llamados; tampoco la plana mayor del estamento militar había previsto que tendría enfrente, en el bando contrario, a unos heroicos y arrojados combatientes dispuestos a todo para defender su patria; la población, aunque intoxicada de propaganda y desinformada gracias a una férrea censura, sobrelleva de todas maneras las durezas de una economía castigada por las sanciones de la comunidad internacional; y, finalmente, miles de soldados rusos están cayendo en el campo de batalla (un escalofriante reportaje de Radio Libre Europa describía que la morgue de Mazyr, una ciudad bielorrusa situada a unos 60 kilómetros de la frontera con Ucrania, estaba literalmente atestada de cadáveres en espera de ser repatriados y que en Gómel, la capital de la provincia del mismo nombre, los desgarradores gemidos de los heridos resonaban en todos los rincones del hospital regional).

No, los rusos de a pie no son los destinatarios de las obsequiosidades de nuestros representantes populares. Sus apegos los merece un canalla sanguinario y desalmado, precisamente el causante directísimo de tanto dolor y tanta muerte. Al recibir en el propio recinto parlamentario al embajador

de la Federación de Rusia para certificar debidamente la “amistad”, lo que hicieron es avalar, con una vileza y una ruindad que nos avergüenza a todos, la barbarie del asaltante.

Esperemos, cruzando los dedos, que ese horror no sea lo que quieren para México. 


Román Revueltas Retes

revueltas@mac.com

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  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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