La actualidad —entendida como el incesante acaecimiento de sucesos de incuestionable impacto noticioso— suele detenerse por completo en estos días. Pero, miren ustedes, Donald Trump no para: sigue en una intentona golpista, aderezada de recursos legaloides, trampas descaradas y estrategias obstruccionistas, para impedir, por sus fueros, la llegada al poder de su contrincante político. Es inaudito: un jefe de Estado cuestiona, sin mayores ambages, la legitimidad del sistema democrático de su propio país y, llevado por sus caprichosos intereses personales, se dedica a sabotear el proceso de transición desconociendo, de paso, lo que millones de ciudadanos expresaron en las urnas. Ah, y falta todavía que el hombre se disponga a emprender acciones más descabelladas en las tres semanas que le quedan para terminar su mandato. ¿Aún no hemos visto el fin de la historia?
Tampoco da tregua el virus, más mortífero que nunca al desatarse una segunda oleada de contagios debida, según parece, a la llegada del invierno septentrional. La gran noticia es que ya hay vacunas, apenas un año después de que aparecieran los primeros casos en Wuhan (esto, merece la pena decirlo y destacarlo, es un logro portentoso), pero el problema ahora será llevarlas y aplicarlas a los miles de millones de personas que las necesitan: un colosal reto logístico y, por lo pronto, enero de 2021 será el peor mes, hasta ahora, en lo que toca a las muertes y las hospitalizaciones. Así recibiremos el nuevo año, amables lectores.
Sigue siendo muy inquietante la existencia de esos supersticiosos que, precisamente en el momento en que se manifiestan tan contundentemente los avances de la ciencia, niegan la existencia misma del virus y, propalando la superchería de que todo esto resulta de una gran conspiración, se resisten a vacunarse. Estos persistentes usos medievales nos llevan a dudar de la viabilidad misma de la modernidad en el mundo y a plantearnos estremecedoras preguntas sobre la racionalidad de los humanos, señoras y señores.
En fin, hoy mismo cambia el calendario, de manera irreversible, y el tiempo seguirá corriendo imparablemente hacia un futuro que no parece, en lo inmediato, demasiado prometedor. Aspiremos, con todo, a tener algo de suerte para poder sobrellevar las cosas.
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