Política

¿Quién nos recetó esta austeridad?

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La austeridad termina por ser el remedio obligado cuando un país se ha embarcado en gastos excesivos e irresponsables endeudamientos. Estallada la crisis, no hay otro camino que apretarse el cinturón: lo han vivido España, Portugal y Grecia en distintas magnitudes. Aquí también hemos debido afrontar los rigores de la abstinencia forzosa luego de las catastróficas gestiones económicas ocurridas en los reinados de Luis Echeverría y José López Portillo. Nos hicieron perder por lo menos una década entera en la ruta hacia esa prosperidad que tan lejana e inasible nos sigue pareciendo a los mexicanos. Luego de sus negros sexenios, el simple hecho de que no acontecieran otros descalabros mayores garantizó un crecimiento económico que, así de exiguo que haya podido parecer, le sirvió a México para alcanzar cierta estabilidad macroeconómica. Pero el llamado error de diciembre nos llevó de nuevo a vivir el calvario de la devaluación, los quebrantos y la destrucción de riqueza y Ernesto Zedillo, al igual que Miguel de la Madrid en su momento, paso buena parte de su sexenio a recomponer las cosas. También tuvo lugar la Gran Recesión, una crisis económica mundial, originada en los Estados Unidos en 2008. Una vez más, se desplomaron los indicadores de crecimiento, empleo y producción; para mayores señas, el producto interno bruto tuvo una contracción de ocho puntos porcentuales en 2009 y el peso se devaluó estrepitosamente a pesar de las intervenciones del Banco de México (este organismo perdió 20 mil millones de dólares de sus reservas en la batalla para contener la depreciación de la divisa nacional). Desde entonces (y tras las correspondientes tareas de recuperación emprendidas por el Gobierno de Felipe Calderón) este país no ha conocido mayores sobresaltos. Y, como decíamos en las anteriores líneas, la mera existencia de un entorno de estabilidad ha propiciado, a pesar de todos los pesares, la consolidación de una clase media con un ostensible poder de compra (ahí están –o estaban— las cifras de ventas de coches nuevos), la proliferación de centros comerciales, la transformación de las zonas urbanas periféricas y, entre otras tantas cosas, el creciente uso de créditos hipotecarios en un amplio sector de la población. Esto es algo que no se puede decir, desde luego, porque te llueven los insultos proferidos por quienes mascullan airadamente que el país “está hecho pedazos” y de aquellos otros que, denunciando la miseria en la que viven millones de nuestros conciudadanos, lo reducen todo a ese hecho, a esa realidad, desconociendo selectiva y deliberadamente que México no es solamente un país de gente pobre sino una nación tan diversa como desigual.

El asunto es el siguiente, señoras y señores: si aquí no ha acontecido en los tiempos recientes una gran crisis, si las variables de la economía parecen bastante saludables y si el endeudamiento del Estado mexicano no ha alcanzado niveles descomunales, ¿por qué entonces estamos afrontando las durezas de la austeridad? ¿Por qué ha habido despidos de miles y miles de empleados de la función pública? ¿Por qué se han recortado los presupuestos de tantas secretarías? ¿Por qué se han reducido las ayudas estatales a la cultura, a la salud, a la seguridad pública, a la investigación científica y a los organismos independientes?

Las políticas de la actual Administración parecieran haber sido implementadas por los más implacables, doctrinarios y dogmáticos de los neoliberales, siguiendo preceptos de capilla y mandatos de cofradía intransigente. Y quienes están pagando los platos rotos son, curiosamente, muchos de quienes aspiraron en cierto momento a ser los directísimos beneficiarios de las acciones implementadas por el régimen de Morena. ¿Acaso los agentes policiacos de las fuerzas federales a quienes que se les han quitado los seguros de gastos médicos y las primas de riesgo son miembros de los sectores más privilegiados de la sociedad y deben, por ello, ser castigados? ¿Merecen el calificativo de fifís que les asestó Francisco Garduño, el comisionado de Migración del actual Gobierno de la República? ¿Los médicos residentes son también integrantes de esa detestable casta?

Más allá de las formas –y, en política, la forma es fondo, como ha prescrito por ahí algún clásico— ¿hay alguna causa de fuerza mayor, en estos momentos, que justifique emprender tamaña operación de derribo? ¿El aparato gubernamental debe ser desmembrado o, en todo caso, desacreditado para combatir la presunta ineficacia de una burocracia que, en comparación con la de otros países, ni siquiera es proporcionalmente de las más numerosas?

No hubo crisis, lo repito. Pero los recortes y los tijeretazos al gasto son muy severos. Y, paradójicamente, esta planificada austeridad pudiera llevarnos, ahí sí, a una recesión porque, al mismo tiempo, el Gobierno cancela grandes obras de infraestructura y detiene proyectos de inversión. Aplicarle a México duras recetas, como las que prescribe el Fondo Monetario Internacional, ¿eso es la 4T?

revueltas@mac.com

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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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