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Sábado , 20.04.2019 / 15:41 Hoy

Columna de Rogelio Villareal

Se tenía que decir y se dijo

Rogelio Villarreal

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I. En esta época en la que puede accederse fácilmente a información fidedigna hay quienes seleccionan únicamente aquello que confirma o refuerza sus creencias e intereses y soslayan lo que no cumple sus expectativas.

Una trampa peligrosa en la que tropiezan a cada paso los mismos que la tienden -no pocos periodistas, escritores y académicos.

Si las masas iletradas y desinformadas se solazan con jocosas teorías conspirativas, para los supuestamente cultos -es decir, los que presumen licenciaturas, maestrías, doctorados- la información sesgada es suficiente para sustentar sus prejuicios y puntos de vista, ya se trate de homeopatía, de alimentos transgénicos, de vacunas o de la masacre de niños palestinos a manos de pérfidos judíos.

Paradójicamente, muchos de estos personajes se declaran de izquierda -de alguna izquierda: lo que signifique ahora, aunque sospecho que se sienten herederos del pensamiento de Marx, que se entusiasmaba como un niño por los asombrosos hallazgos científicos, un apasionado de la cultura y la historia-, y no pocos de ellos votaron con las tripas por López Obrador, ahora autoritario presidente de la restauración de los regímenes nacionalistas y receloso de un verdadero progreso basado en la educación, la innovación y las energías limpias -una izquierda decrépita que añora el pasado-; más mentiroso que Trump y, como éste, despectivo con la prensa que lo cuestiona. Hacía falta un cambio, se justifican.

II. En las recientes elecciones en Israel el primer ministro Benjamín Netanyahu, de derecha liberal, ganó muy apretadamente ante su principal competidor, Benny Gantz, de centro liberal, aunque su quinto mandato podría malograrse si proceden las acusaciones de corrupción en su contra. Como sea, Netanyahu deberá conformar un gobierno de coalición, lo que no será fácil en un sistema parlamentario de 120 legisladores en el que se requieren 61 para poder hacerlo. Netanyahu, que consiguió 35 escaños, deberá formar gobierno con al menos cuatro o cinco partidos más (hay unos cuarenta en el país, de la extrema izquierda a la ultraderecha, y casi todos tienen representación proporcional en la Knesset).

En las elecciones votaron israelíes judíos y las minorías árabes (ciudadanos desde 1952, poco más de 20% de la población), drusas y cristianas (entre estas últimas y otras sin adscripciones religiosas o étnicas alcanzan poco más de 4.5%).

En Israel, el grado de respeto a los derechos políticos y a las libertades civiles lo convierten en el único país de la región considerado "libre" de acuerdo con la evaluación de Freedom House 2019 (78/100; México tiene 63/100). El nivel de libertades civiles permite la crítica abierta en cuestiones de Estado por parte de organizaciones israelíes de derechos humanos muy críticas con las actuaciones del gobierno en Gaza y Cisjordania, además de otros grupos antisionistas o antiisraelíes que operan legalmente en ese pequeño, complejo y exitoso país.

No obstante, el diario izquierdista Haaretz dice que la reelección de Netanyahu "conduce a una dictadura", algo que repiten nuestros intelectuales de izquierda: antisionistas, se dicen, lo que equivale - aunque lo niegan- a antisemitas, antiisraelíes -uno de ellos, escritor mexicano radicado en Brooklyn, me dijo, desafiante, que apoyaba el movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel, de innegable tufo nazi.

A lo largo del Magreb y hasta la península arábiga hay veintidós países árabes con más de 200 millones de habitantes, en los que casi no hay judíos, pues la inmensa mayoría fueron expulsados y no pocos asesinados antes y después de la fundación del Estado israelí en 1948. Más de 800 mil judíos que vivían ahí desde hacía siglos encontraron en Israel una opción para vivir sin padecer las consecuencias del antisemitismo árabe -y del europeo, por supuesto.

Un odio que fue atizado por el Gran Muftí de Jerusalén, Muhammad Amín al- Husayni, instigador de pogromos durante el mandato británico de Palestina y aliado del III Reich durante la segunda Guerra Mundial -puede vérsele en varias fotografías junto a Hitler tomadas en Berlín en 1941-; el muftí fue, por cierto, mentor de Yasser Arafat.

Hace unos días una noticia falsa que afirmaba que el ejército israelí hacía experimentos médicos con prisioneros palestinos fue replicada en Facebook y otras redes. La nota del 3 de abril "Israel usa prisioneros palestinos para nuevos experimentos médicos" apareció en el sitio iraní HispanTV en español -cercano al Podemos de Pablo Iglesias-, y aunque ya no existe ahí fue retomada por otros medios, como el venezolano Ciudad Valencia, con un añadido en el encabezado: "Al estilo nazi".

III. Miopes ante las atrocidades de Hamas contra el propio pueblo palestino, al que no le importa sacrificar en aras de su intención manifiesta de destruir a la "entidad sionista", farisaicos intelectuales de izquierda continúan propagando el mismo viejo odio contra los judíos, el libelo de sangre reeditado. Hezbollah los saluda.

¡Se tenía que decir y se dijo!

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