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Lunes , 20.05.2019 / 23:50 Hoy

Music Club

Sartriana o crónica de la irrupción

Rodrigo Ruy Arias

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A la música que suena en nuestra conciencia

y a la danza que hay en nuestro espíritu

no se acomodan ya las letanías puritanas,

los sermones morales,

o alguna otra forma de honradez.

Friedrich Nietzche

Más allá del bien y del mal


Mimetizado, me concentré en la actual Orquesta Filarmónica de Jalisco, en una interpretación. Un concierto en el teatro PALCCO. Se trata de la obra más popular del compositor inglés Gustav Holst –una de las más ejecutadas en el siglo XX-: Los Planetas.

Una OFJ amontonada -¿Espacio insuficiente en el escenario?-, tocaba la obra mientras, de fondo, imágenes espaciales cumplían con la innovadora idea de vincular lo sonoro con lo visual.

Conforme fui escuchando a la orquesta –tan aclamada por varios mal pagados pseudocríticos-, me asaltó la Náusea. No sé si la de Sartre o la de Alex Delarge, el drugo de Naranja Mecánica sometido a las torturas conductistas. “Pero ahí estaba de nuevo”.

¿Es esta la orquesta que ostenta –en voz de los defensores- un lugar de privilegio entre las 10 mejores del mundo? Lo que vi fue a un grupo de músicos tensos –temerosos del Close Up que develara su contribución al sonido del ensamble-.

Algo no funcionaba. “Algo no funciona”, me dije. De esta orquesta, incómoda sobre el escenario, se desprendía un sonido plano, de poca calidad. Sonido estridente, sin contrastes ni definición clara de las secciones. Después de escuchar toda la constelación holstiana, Neptuno, el místico, llegó finalmente. La agonía de una obra en la que coro y orquesta se desenvolvían con dificultad.

A punto de que asomara el acorde final –de la obra del pobre Holst, seguramente revolviéndose en su tumba-, el consabido cliché “¡Bravo!”, “¡Bravo!”, extremó la complacencia de un público que no pudo esperar el finiquito de la obra.

“Ahora entiendo”, pensé, sumergido en una intolerable asfixia de Náusea. Porqué en Alemania, la crítica se refirió al concierto ofrecido allá por “nuestra orquesta”, en términos de “estridencia y mal gusto”.

Concluyo. Esta orquesta –hoy italo-canadiense y venezolanizada-, sonaba mucho mejor con los excelentes atrilistas jaliscienses que mantienen su reclamo en la Junta de Conciliación y Arbitraje de nuestra entidad.

Y si tiene alguna duda de cómo debe sonar la obra –según yo, claro-, visite la versión de la Orquesta Sinfónica de Boston y los Coros del Conservatorio de Nueva Inglaterra, bajo la dirección de William Steinberg. Una grabación de 1971, remasterizada en 2001, que es un prodigio de tímbrica, dinámica y excelente sonido. Perfecta recreación de la música del espacio. Algo que nunca percibí en la interpretación de la OFJ.

Permítaseme augurar que este río de sonidos desembocará en algún comentario de su parte, respetable lector.

leverkhun1@outlook.es

@AlterRuy

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