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Domingo , 24.03.2019 / 03:33 Hoy

Music Club

Música y filosofía

Rodrigo Ruy Arias

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Para la realización de este texto me he dado a la tarea de revisar algunas de las nociones sobre arte y música que el extraordinario filósofo alemán Arturo Schopenhauer (1788-1860), expresó en su libro El mundo como voluntad y representación.

Schopenhauer establece que a través de las artes “se alcanzan los grados más altos en que se objetiva la voluntad” (FUBINI, 1976, 271-272). La voluntad dota de vitalidad al mundo. Todo se mueve por el principio de voluntad. Un estadio que en su nivel más elevado le pertenece al género humano, por encima de los animales y las plantas.

Haciendo uso de las analogías, Schopenhauer expresa: “la lógica nunca puede tener un interés práctico, sino sólo un interés teórico para la filosofía” (SCHOPENHAUER, 2017, p. 61), y: “en fin, que no se necesita conocer el bajo fundamental para percibir las faltas de armonía, tampoco se necesita saber lógica para no dejarse engañar por un sofisma” (id).

Entiendo que lo que Schopenhauer quiso expresar: Que no necesitas ser un experto para darte cuenta algo no suena correctamente. Sin embargo, el bajo fundamental es esencial en el complejo armónico de la estructura tonal.

Luego al hablar sobre los estadios de la voluntad en la naturaleza, determina: “empleando una metáfora musical, podría decirse que el animal y la planta son la quinta y la tercera inferiores del hombre, y el reino inorgánico su octava baja” ( ibid, p. 166).

Al hacer filosofía de la música, Schopenhauer se pierde en las comparaciones. La tercera y la quinta son las consonancias más cercanas de la nota fundamental de cualquier acorde. Pero en ningún momento cumplen un papel de inferioridad. En la música, son elementos necesarios para producir los efectos armónicos.

Y en cuanto a la comparación de la octava baja, como parte del reino inorgánico –es decir, el nivel más bajo del mundo regido por la voluntad-, denostaría, diciendo que en la música los sonidos bajos son los que dotan a la música de toda su profundidad, pero no de una profundidad “inorgánica”, sino de la más sublime de las profundidades. Un eco sonoro.

Finalmente, haré una reflexión en torno a la siguiente cita del maestro: “La modulación se parece a la muerte, ya que ésta es el fin del individuo”. Y: “Los modos mayor y menor representan: el uno, satisfacción; el otro, insatisfacción”. (Op.cit.: FUBINI, p. 273).

La modulación aparece definida, en cualquier tratado de la forma musical, como un momento de inestabilidad armónica. Es un momento de transición que nos llevará, por ejemplo, al punto de retorno –o tema principal- en la forma Sonata, considerada la más perfecta de las formas musicales. La obra no fenece con la modulación, la modulación, como su nombre lo indica, sólo nos traslada a otro lugar de la dimensión sonora.

Finalmente, reducir los tonos mayores en términos de satisfacción o insatisfacción, limitaría las múltiples posibilidades expresivas del complejo armónico.

En quince, con más digresiones sonoras.

Rodrigor_65@outlook.es


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