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Sábado , 23.02.2019 / 10:20 Hoy

Perdón, pero...

Falsas disyuntivas

Roberto Blancarte

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Llevamos un mes y medio de 72 que durará este sexenio. Todo ha girado alrededor de Andrés Manuel López Obrador, porque él así lo ha querido. Me pregunto si tiene que ser así o si algún día nos cansaremos de sus ocurrencias e improvisación como forma de gobierno. Sus conferencias de prensa matutinas dan la noticia del día y él se ha encargado de que nada transcurra tersamente. Intencionalmente o sin pretenderlo, pero nos tiene a todos como rehenes. No solo por la lógica de sus declaraciones, que en ocasiones parecerían pretender sustituir la realidad, sino por las consecuencias de sus actos. La alternativa es dejarlo solo, pero se corre el riesgo de que crea que lo suyo es irreprochable. Así que no; pese a todo, seguimos en la misma jaula, soportando desatinos, insultos, improvisaciones, puntadas, ocurrencias costosas, medias verdades o mentiras abiertas. Y tenemos que seguir viendo las mismas escenas de servilismo de antes, pero ahora con un ingrediente de culto a la personalidad que creíamos superado. Por lo visto está en nuestra cultura política; la de los agachados, la de la cargada, la de los oportunistas, la de “sí señor Presidente, lo que usted quiera, usted todo lo puede y usted es el hombre que nos salvará”.

Es lamentable que este gobierno ya empezó a pedirle a la gente, mucho antes de lo previsto, que se sacrifique. Y peor aún, que la mayor parte mansamente apruebe y se crea cualquier historia que le cuentan. La base de esta lógica es la de las falsas disyuntivas: estás conmigo o contra mí. Como en Cuba o Venezuela; o nosotros o el imperialismo. Las consultas populares son el mejor ejemplo de ello. Son del tipo: ¿quieres ayudar a los pobres o estás a favor de la inequidad social? Nadie puede matizar, mucho menos negarse al maniqueísmo forzado. Los defensores del actual gobierno no tienen argumentos, pero, eso sí, mucho resentimiento social y poca memoria. Algunos, por su corta edad, creen que la historia comenzó en el 2006. Otros prefieren el olvido, porque la gente podría recordar que ellos fueron priistas, salinistas, que solo se cambiaron de bando porque sus intrigas les fueron desfavorables en la ruleta política. Y no falta quien sueña en la toma del Palacio de Invierno y siente que ahora sí es el momento de imponer políticas que ya se comprobaron desastrosas. La cuarta transformación, que es un chiste que se menciona con sorna e ironía, no es más que el anuncio y el festejo adelantado de algo que muy bien puede convertirse en una regresión fenomenal.

Podemos quedarnos sentados observando el espectáculo, sabiendo que las acciones del gobierno tienen y tendrán consecuencias, mismas que ya estamos viviendo. Un ejemplo de ello es la militarización del país, que ciertamente no comenzó este presidente, pero que amenaza con agudizarla. Y todo ello a pesar de que se prometió lo contrario.

Lo peor del caso es que este gobierno presenta falsas disyuntivas: desabasto o huachicoleros, militares o crimen organizado, “cuarta transformación” o neoliberalismo. El peor error para nuestra democracia, nuestro desarrollo y nuestras libertades sería aceptar esa lógica maniquea.

roberto.blancarte@milenio.com

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