En Monterrey aumentarse los senos, reducirse las llantitas o enderezarse la nariz son intervenciones que figuran muy alto en la lista de deseos de toda quinceañera de clase media para arriba. No es casualidad que la ciudad tenga fama de ser cuna de mujeres muy hermosas; éstas le dedican a verse bien considerable tiempo, dinero y esfuerzo porque eso suele tasarse más alto y ser más redituable que logros más sustantivos como cultivar el intelecto, cimentar una carrera profesional o ser mejor persona: no en pocos avisos laborales el requisito “de buena presencia” es el primero en citarse. Para colmo, hay una insana fijación con un particular tipo de belleza física que la genética mexicana rara vez concede; el cabello rubio, los ojos y la piel clara y unos 55 kilos de peso total, siempre y cuando cinco de esos se localizan en los senos: la que no parece modelo sueca o de perdido italiana se pasará la vida lamentándose y viendo cómo consigue eliminar sus más de las veces imaginarias imperfecciones.
Como no escarmentamos ni en las nalgas de Alejandra Guzmán, Cinthia Lizeth Vega Chapa murió la semana pasada mientras le practicaban una liposucción en un cuchitril de la colonia Mitras Centro. Y no es la primera; en 2019 Karla Galván González murió luego de ser dada de alta de un consultorio en San Jerónimo manejada por un pediatra. Elena Sada Sandoval murió en el 2020 en unos consultorios médicos de la colonia Obispado donde ya había muerto por la misma causa otra paciente en 2015. Martha Éricka Valdez Páez perdió la vida en el Centro Médico Nogalar, en San Nicolás, en 2014.
El procedimiento, por la cantidad de tejido que desprende y remueve, con el consiguiente riesgo de desangrarse o de arrojar coágulos al torrente sanguíneo, se debería practicar en un hospital o de perdido en unidades especializadas con equipo de resucitación y personal acreditado, y no en carnicerías de barrio apodadas clínicas, pero estas existen por dos razones: porque cobran mucho menos que el San José y porque, no lo olvidemos, la autoridad ha sido en el mejor de los casos omisa y en el peor cómplice en regular un sector que, al fin y al cabo, abusa principalmente de mujeres.
@robertayque