Política

Izquierdas y derechas, el ruido y la furia

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Brasil votó por repetir una dinastía corrupta, demagógica e inepta que, encima, trató de dar un golpe luego de que los votos la sacaran del Palacio do Planalto. La ventaja de apenas 2 puntos porcentuales de Flávio Bolsonaro sobre Lula da Silva detonó la necesidad de una segunda vuelta, a llevarse a cabo el 25 de octubre, donde, todo indica, el hijo del ex presidente hoy en la cárcel por corrupto y golpista se quedará con la enchilada completa. Y aunque no: en el Senado su partido, el Liberal, ganó 28 escaños —que incluyen a la esposa de Jair Bolsonaro, a dos de sus hijos y a un hermano—, contra los nueve del PT de Lula.

A los salvadoreños parece gustarles la mano dura de Bukele, el dictadorzuelo corrupto y megalómano que, aunque haya sido negociando con las Maras y llevándose de encuentro a un sinnúmero de inocentes, pacificó un país dispuesto a sacrificar sus derechos a cambio de poder salir de la calle de la amargura donde los tenía el Farabundo Martí. El colombiano Abelardo de la Espriella llegó a la silla prometiendo acabar “con el narcoterrorismo, y con aquellos a quienes he declarado un objetivo militar como a cucarachas, como a ratas. Desataré sobre ellos la ira de Dios como nunca antes”, dijo, luego de la supina ineptitud del frecuentemente incoherente Gustavo Petro.

Esto, por supuesto, tiene al gobierno de Donald Trump de plácemes. A la fecha, 18 países al sur del Bravo han firmado con Washington un tratado de cooperación anti carteles, donde Colombia, Guatemala y Ecuador han aceptado operaciones militares conjuntas. ¿La diferencia con los abundantes acuerdos anteriores? Que hoy la membresía pide un grado de alineación ideológica nunca antes visto, donde el rechazo se castiga con bombazos. Si no lo creen, pregúntenle a Maduro.

La tendencia tiene a la progresía mexicana, y a su gobierno, en un estado hemipléjico-ideológico, donde van quedándose solos enarbolando la bandera del mito genial de la gloriosa izquierda. Porque el giro al sur del Usumacinta hacia regímenes autoritarios, oscurantistas y corruptos, que el mexicano promedio atribuye por default a “la derecha”, se da en respuesta al nefasto desempeño de regímenes nombrados como de izquierda que, únicamente por esa etiqueta, los tontos útiles asumen como virtuosos y límpidos, pero que, en realidad, además de las anteriores y muy tóxicas características, despliegan la más cínica hipocresía, como cuando a la colusión con los cárteles le llaman abrazos, no balazos.

Para muestra, otro botón: la OEA propuso una reunión entre cancilleres para revisar el grave deterioro cívico y humano en Nicaragua y, ¿cuál fue el único país en votar en contra? El Brasil que defiende los derechos de los obreros. ¿El único en abstenerse? El México de los humanistas.

Mientras sigamos pensando a la República, y a nuestros votos, en términos de trincheras, de buenos y de malos, de superioridades morales infundadas, con la misma sustancia como le vamos al Necaxa o al América, nuestras venas van a seguir abiertas y desangrándose. Pero, eso sí, nos vamos a sentir bien moralmente superiores de camino al abismo.


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Roberta Garza
  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
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