La encuesta de ayer de Buendía & Márquez arroja a Morena como el gran favorito para llevarse las intermedias de 2027. Con todo y que la última vez que les entregamos las Cámaras nos quitaron las elecciones libres y la independencia del Poder Judicial, el partido de Estado hoy anda en positivos netos de 56 por ciento. Y no es por inopia: 78 por ciento de los encuestados dice estar enterado del asunto del huachicol fiscal, 62 por ciento sabe del affaire Rocha Moya y 61 por ciento ha escuchado sobre la ley censura en ciernes.
Esto viene a cuento porque, luego de la pasada elección presidencial, buscaba yo una explicación del por qué, incluso con la mano pachona de Palacio sobre la balanza electoral, la derrota de Gálvez contra una candidata tan gris y tan carente de luces había sido tan contundente. No sólo porque el paso de Sheinbaum por la jefatura de la Ciudad de México quedó marcado por la caída de la Línea 12, sino porque, encima, la corcholata pintaba para ser apenas la calientasillas del presidente responsable de desfalcar nuestras arcas como nadie desde López Portillo, uno que ni se despeinó al entregarle medio país a los militares y la otra mitad a los narcos.
Mi teoría descabellada, pues, es que México entero, aunque de manera colectiva respalda con todo el combate a una corrupción hoy rampante y coronada por la violencia y la extorsión, en realidad, en lo particular, se ve aterrado, consciente o inconscientemente, ante la idea de vivir en un sistema donde ese lubricante universal esté ausente. Recordemos que una de las más candentes promesas de Gálvez fue la de terminar con la impunidad. Y, a diferencia de la saliva invencible del resto de los candidatos a lo largo de nuestra historia, en boca de ella, esto sonaba más o menos en serio.
Me imaginé entonces a un burócrata cualquiera, de esos que salen con banderas y sombreros a gritar su ¡Viva México! cada septiembre, contemplando la posibilidad de vivir en un país donde, cuando lo pare el tránsito, no pueda evitarse la multa, ni detener a los inspectores cuando rente su patio para rumbosas fiestas hasta el amanecer a pesar de las quejas de los vecinos, ni comprarle a su señora su bolsa LV pirata. Me imaginé al empresariado rumiando lo que tendría que pagar por materiales de calidad, o por el equipo de seguridad para todos sus trabajadores, o partiéndosela para presentar propuestas y proyectos sólidos en vez ofrecerle al supervisor un porcentaje para obtener el contrato aunque no tenga la menor experiencia o capacidad para cumplirlo. Me imaginé a los estudiantes teniendo que quemarse las pestañas en vez de pagar por el machote para el examen de la UNAM.
Lo que la encuesta tristemente nos revela es que, a pesar de que Morena asegura la peor descomposición del Estado de derecho y de la democracia en el país, con ese partido en el poder nos garantizamos que el esfuerzo va seguir siendo para perdedores y que, con la desvergüenza y podredumbre moral suficiente, cualquiera puede alcanzar sus sueños.
Parece que es mucho más fácil añorar vivir como en Dinamarca que comportarse en el día a día como daneses.