Política

Contra el mensajero

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En días pasados, el presidente López Obrador se lanzó con todo contra los medios, justo cuando cuatro periodistas acababan de ser ejecutados en su país, que cada vez parece menos el nuestro. México ha sido catalogado por CPJ, el comité de protección a periodistas, como el sitio más peligroso del mundo para ejercer el oficio, con una impunidad casi total ante una violencia incesante que no solo no se resuelve sino que ni siquiera se persigue.

Comenzando el año José Luis Gamboa Arenas fue cosido a puñaladas en Veracruz. A los pocos días Alfonso Margarito Martínez Esquivel y Lourdes Maldonado López fueron acribillados en Tijuana; Maldonado tenía pocos meses de haberle ido a implorar al Presidente por protección, misma que nunca recibió. El último día de enero Roberto Toledo fue baleado en Michoacán, en el estacionamiento del despacho legal donde trabajaba, una segunda chamba que Jesús Ramírez, el vocero del Presidente, aprovechó para señalarlo como no-periodista, a pesar de que había sido amenazado repetidamente por su no-trabajo.

¿Y la Comisión Nacional de Derechos Humanos? Ah, pues esa ha buscado enfáticamente incluir en el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas a ninguno de los anteriores, pero sí a la directora de Notimex, quien se he dedicado en cuerpo y alma, desde el poder y con recursos públicos, a agredir e insultar rabiosamente… a otros periodistas. ¿Protegerla a ella de qué? Pues de “Verse vulneradas y agredidas su integridad psicológica y moral por parte de diversas personas integrantes del Sutnotimex, así como de la organizaciónn Artículo 19 y del medio informativo Aristegui Noticias”. ¿Qué dice de esto López Obrador? Pues que la madre de todos los troles hace un gran trabajo periodístico, y sanseacabó. Por mi madre, Bohemios.

Hablando de Aristegui, ante las notas investigando el apestoso enredo de la casa de Houston de su hijo y de su nuera, López Obrador se lanzó con todo no contra el posible delito, sino contra sus mensajeros, fustigando con particular saña, a nivel personal, a quien antes, cuando develaba los conflictos de interés de otros presidentes con otras casas blancas, consideraba su aliada, defendiéndola de la censura “desde la mafia en el poder”. Ahora dice que ella “engañó durante mucho tiempo”, acusándola, aparte de con sus insultos gastados y simplones de siempre, de hampona y calumniadora. Todo esto sin presentar la menor evidencia —por ejemplo, el contrato de arrendamiento, los comprobantes del pago o las fichas de las transferencias, entre otros—, desde su podio en Palacio Nacional, con todos los reflectores encima y en la cima del poder Ejecutivo.

Podrá gustarnos o no el estilo de hacer periodismo de Carmen Aristegui, así como sus filias y fobias, perfectamente válidas mientras sean transparentes y no contaminen los datos presentados. Lo que no es aceptable, al menos no en una democracia libre, es un liderazgo político que en los hechos se dedique a minar a toda voz crítica mientras ensalza a los más rastreros panegiristas y a los peores gacetilleros. Pero eso es lo que tenemos hoy.

Roberta Garza

@robertayque


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Roberta Garza
  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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