Entre los muchos asuntos espinosos ventilados en el juicio del Chapo estuvo el de la cooperación amplia de las fuerzas armadas con el crimen organizado, específicamente al comprar éste a generales y secretarios para que, en los hechos, el ejército le sirviera a los narcos de ariete, de cuerpo de seguridad privada; los testimonios de Jesús El Rey y Vicente El Vicentillo Zambada revelaron con lujo de detalle cómo la furiosa persecución oficial contra los Beltrán Leyva, cuando éstos pasaron de ser socios fundacionales a archienemigos del Chapo y El Mayo, fue en buena parte coadyuvada y dirigida por los de Sinaloa. El cadáver ensangrentado de Arturo El Barbas Beltrán, abatido por los marinos el 16 de diciembre de 2009, fue fotografiado por los soldados sin camisa y con los pantalones a los tobillos luego de haber sido cubierto diligentemente con billetes, a modo de sudario, para mostrárselo a sus socios como una ofrenda caída y humillada.
Algo parecido estamos viendo hoy en la repentinamente revivida guerra contra el narco o, al menos, contra ciertos narcos; el arresto en Zapopan la semana pasada de Rosalinda González, la esposa de Nemesio El Mencho Oseguera, es un punto de no retorno en las hostilidades entre el Cártel de Jalisco y el Estado mexicano. Decirle a Rosalinda la esposa del Mencho es como llamarle a Hillary la esposa de Clinton; los González Valencia, pioneros en la manufactura y el tráfico de metanfetaminas y fentanilo, estaban en ese negocio mucho antes de que Oseguera halconeara por primera vez. Entre sus casi 20 hermanos están Abigael, preso en México desde 2015; José, detenido en Brasil en 2016, y Gerardo, arrestado al año siguiente en Uruguay: los últimos dos fueron extraditados y están a punto de enfrentar un juicio conjunto en Estados Unidos. Con una red de centros comerciales, tequileras, hoteles y restaurantes que los cimentó como hábiles lavadores, financieros y traficantes, los hermanos fueron apodados como Los Cuinis hasta la formación por 2011 del CJNG, con el cual primero se asociaron y luego se incorporaron naturalmente; El Mencho le sirvió mucho tiempo de sicario a su tío político, Armando Valencia, fundador del cártel del Milenio, otra de las semillas desde el sur de Michoacán de lo que luego sería el de Jalisco. Nemesio, al casarse con Rosalinda, le aportó a sus parientes políticos el músculo necesario para aniquilar o absorber a la bandas rivales de Tierra Caliente, Jalisco y el Bajío; además de aventarse el fallido atentado contra García Harfuch, hace apenas un par de semanas sus esbirros regaron por Aguililla, la tierra que lo vio nacer, 26 cadáveres con huellas de tortura: tengan para que aprendan.
Hoy el desmantelamiento del CJNG, el único grupo que reta la supremacía de la frágil unión entre los hijos del Chapo y El Mayo Zambada, el único capaz de competirles territorio, proveedores y clientes trasnacionales, parece haberse convertido en la principal y casi exclusiva prioridad de las fuerzas armadas de López Obrador. Como pasó con los Beltrán Leyva en los mejores tiempos de la guerra contra el narco de Felipe Calderón.
@robertayque