La política como videojuego y también como reality de televisión. Ambos son lentes muy vigentes para descifrar el ejercicio del poder.
Quien haya jugado en su consola Call of Duty, en su versión Blacks Ops, entenderá por qué la intervención estadunidense en Venezuela fue bautizada bajo el nombre de “Operación Oscura”.
La ambientación bélica, la inteligencia militar, los mapas, el equipamiento o la noche como escenario son solo algunas de las imágenes imitadas por los guionistas.
A mediados de la década de los ochenta del siglo pasado, el sociólogo alemán Norbert Elias publicó un texto bastante lúcido sobre la relación que el futbol tiene con la democracia.
Ahí destacó que la clave civilizatoria de ese deporte radicaría en la pedagogía proporcionada para superar la derrota hasta el siguiente torneo.
El futbol serviría como un dispositivo social regulador de emociones colectivas para permitir a las masas identificarse en colectivo con equipos adversarios (o partidos políticos) sin romper por ello el orden establecido por las reglas de la competencia.
¿Qué diría Elias hoy si analizara el papel “des-civilizatorio” que desempeñan juegos de video como Call of Duty, Fortnite, Street Fighter o Grand Theft Auto?
Todos tienen como común denominador narrativo a la sobrevivencia individual y a la violencia tecnificada como las únicas ventajas morales.
El reality show de la televisión es una evolución de los juegos de video que ha reforzado el mismo relato. El Big Brother, Survivor, La Academia, La Casa de los Famosos o El Aprendiz son igualmente escuelas dedicadas a explicar el fenómeno público.
De ahí que la política se entienda ahora como un game más, otro torneo entre héroes y villanos involucrados en misiones progresivas de mutua eliminación, cuyo suspense se desarrolla a partir de una regla principal: muchos son los que entran, pocos los que superan el juego.
Es grande el contraste entre el argumento de Elias sobre el futbol y el que se asoma después de caer en las garras de la nueva pedagogía digitalizada.
Mientras el futbol civiliza educando para soportar la derrota, en el reality o el juego de video es mandatorio que no haya segundas oportunidades para el perdedor.
Zoom: Las redadas migrantes, el ataque a Venezuela, los preparativos para robarse Groenlandia o las amenazas para intervenir en México son todas escenas concebidas para alimentar el reality show en el que se ha convertido la política de nuestro tiempo.