Política

El viejo nuevo orden mundial

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Inevitable el déjà vu: la captura de Manuel Noriega en Panamá, el 3 de enero de 1990, y la de Nicolás Maduro en Venezuela, el 3 de enero de 2025. Ambos acusados de los mismos cargos —narcotráfico ayer, narcoterrorismo hoy—. El silencio de la ONU y la OEA de ayer, con el mutismo institucional de hoy. La indiferencia de las potencias de ayer (Alemania, el Reino Unido y Japón) con la parsimonia diplomática en curso de Rusia y China.

Inevitable, también, no pensar en los posibles acuerdos geopolíticos detrás de esa indiferencia: China mantiene su influencia en Hong Kong y Rusia se queda con una parte de Ucrania, a cambio de no meterse en América Latina, validando de facto la nueva vieja doctrina Monroe.

Hay también en curso una nueva guerra fría ideológica, que va desde el río Bravo hasta la Patagonia: gobiernos de derecha, “amigos” de las libertades económicas, la propiedad privada y el mercado, frente a gobiernos de izquierda promotores de la preeminencia del Estado, la propiedad pública y el nacionalismo económico. Además, un agravante demoledor, que justificaría todo tipo de intervención, injerencia o invasión militar: gobiernos de izquierda narcoterroristas.

Una diferencia sustancial entre el viejo y el nuevo reordenamiento mundial es la justificación bajo la cual actúa el vigilante actual del continente americano. Antes lo hacía “en nombre de la democracia y los derechos humanos”, ocultando las motivaciones económicas imperiales; hoy es todo lo contrario: los intereses económicos dominan de manera abierta y sin recato la intervención, injerencia o invasión. La “sustracción” de Maduro permitirá el manejo directo y la entrega de una de las reservas de petróleo más grandes del planeta a las compañías petroleras de Estados Unidos (EU), así como disponer de petróleo barato para poder reducir la inflación en la economía de ese país.

Acceder a fuentes de energía barata y a las llamadas “tierras raras” (vitales por sus elementos químicos para el desarrollo de las tecnologías modernas, desde las baterías de los autos eléctricos hasta los imanes de las turbinas eólicas, pasando por los materiales cruciales de los smartphones, los láseres y equipos médicos) determina las verdaderas coordenadas de las incursiones militares y paramilitares que seguiremos viendo durante la era Trump.

¿Qué hacer en México ante este reacomodo de fuerzas internacionales, en el que la hegemonía estadunidense se contrae en diversas regiones del planeta, pero se concentra y endurece en el continente americano?

En primer lugar, tener conciencia de que, desde la guerra de 1846-1848, México se encuentra en riesgo real de una ocupación mayor por parte de EU.

En segundo término, redoblar con ese país la colaboración en materia de seguridad y comercio, para llegar a la renegociación de este año del T-MEC sin la presión contaminante del tema de los cárteles de la droga y sin perder soberanía territorial, política y jurídica.

En tercer lugar, emprender un cabildeo intenso en el Capitolio, en medios de comunicación estadunidenses y en foros académicos y de opinión pública sobre el esfuerzo sin precedente —en términos de vidas y de costo presupuestal— que realiza el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de seguridad y combate a los cárteles de la droga.

Dejar bien asentado que México no es un alien, sino un auténtico ally en la relación bilateral.


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Ricardo Monreal Ávila
  • Ricardo Monreal Ávila
  • ricardomonreala@yahoo.com.mx
  • Coordinador de los senadores de Morena y presidente de la Jucopo / Escribe todos los martes su columna "Antilogía" en Milenio Diario
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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