En las cosas trascendentes y más tratándose de doctrinas filosóficas y políticas remitirse al pensamiento griego es imprescindible. Así sucede con el estudio de las formas de gobierno. Al principio, la teoría estuvo limitada a la descripción pero pronto se incluyó la valoración ética de los modos de gobernar.
Las formas clásicas se determinan por el número de gobernantes: en la monarquía, uno; en la timocracia o aristocracia, un grupo escogido por su sabiduría y honorabilidad; y en la democracia, el pueblo.
Pero, las formas puras se pervierten por la ambición de dinero y poder: la monarquía degenera en tiranía; la aristocracia, en oligarquía; y la democracia, en populismo y demagogia.Aristóteles introduce la valoración ética para calificar las formas. Para él serán buenas o malas dependiendo de si benefician a una persona, a un grupo o a todos.
Propone que lo mejor es el gobierno mixto: la mezcla de oligarquía y democracia, de ricos y una clase media extensa. Sostiene el filósofo que si la mayoría viviera en la dorada medianía, se reducirían las tensiones sociales, las sediciones, la delincuencia y la violencia. Porque nada causa mayores conflictos que la diferencia abismal entre unos pocos ricos y la mayoría en la pobreza extrema.
Hillary Clinnton en su campaña se presentó como defensora de la clase media; prometió terminar con las ventajas de los más ricos que causan la desigualdad; y ofreció oportunidades para que todos puedan mejorar su estándar de vida.
En México los muy ricos tienen las ventajas, los pobres de solemnidad la ayuda gubernamental; y la clase media, cada día más reducida, las cargas fiscales y sociales. Se necesita la alianza aristotélica que reduzca la desigualdad haciendo crecer a la clase media para remediar, así, el resentimiento popular y la violencia.