Muchos juzgan anacrónico hablar de ideologías; sostienen que los gobiernos deberían de ser pragmáticos y resolver los problemas tomando en cuenta sólo los costos y la utilidad.
Pero ni la política ni la economía pueden ser ajenas a las ideologías, porque toda ideología es el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad, o movimiento social.
Las ideologías son la sustancia de las doctrinas como el capitalismo, liberalismo y conservadurismo; y también del comunismo y socialismo. Las primeras calificadas de derecha y las segundas, de izquierda.
Los adeptos de cada doctrina luchan por imponerla a los demás.
En Latinoamérica se han formado grupos de gobernantes, activistas sociales y empresarios cuyo propósito es cambiar el orden sociopolítico para adaptarlo a su ideología.
Un ejemplo sobresaliente de derecha es el Grupo Lima con representantes de catorce países; y de izquierda el Foro de Sau Paulo.
Por otra parte, el Grupo Puebla se presenta como un movimiento progresista que quiere construir a través de la democracia un nuevo orden en torno al Derecho, el capitalismo responsable y la disminución sensible de la desigualdad.
Este estado de agitación sociopolítica que vive Latinoamérica es una expresión más de la inquietud general que existe para construir un Nuevo Orden Mundial.
México participa de esa convulsión. La polarización social es producida por el choque entre los que desde el gobierno y su partido quieren el cambio de régimen, y los que nos resistimos por temor a que ese cambio termine como en Cuba, Venezuela o Nicaragua.
Es cierto que no se puede ignorar las ideologías, pero es pernicioso que los gobernantes finquen sus acciones en políticas ideologizadas.
Los estadistas deben privilegiar el bienestar general y no arriesgar el destino de toda una nación en aras de una ideología.
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