Hay una propuesta novedosa y radical. Un cambio de paradigma.
La acaba de aprobar el Reino Unido en días pasados, y no es una simple ley más contra el tabaco.
Por primera vez, un país no intenta convencer a los adultos de dejar de fumar.
Tampoco se limita a subir impuestos o poner advertencias. Hace algo mucho más profundo: legisla para que las nuevas generaciones simplemente nunca empiecen.
La medida se llama “Tobacco and Vapes Bill”, considerada una de las intervenciones de salud pública más ambiciosas de las últimas décadas.
La propuesta es clara y contundente: nadie nacido a partir de 2009 podrá comprar tabaco legalmente en toda su vida. No importa si tienen 18, 30 o 60 años en el futuro.
Para ellos, el cigarro será siempre ilegal de adquirir. Así, año con año, la edad mínima irá subiendo automáticamente. No de golpe… sino de forma silenciosa, progresiva y definitiva.
Para 2040 llegará la primera generación libre de tabaco. Respecto al vapeo y otras formas de consumo de nicotina (“pods”), no se prohíben pero se regulan estrictamente.
Este enfoque representa un giro radical en salud pública. Durante décadas se luchó contra el tabaquismo con campañas, miedo, imágenes impactantes y restricciones.
Y sí, se ha avanzado… pero no lo suficiente. Las corporaciones tabaqueras siempre encuentran nuevas formas de darle la vuelta a las restricciones para llegar a los adolescentes.
Esta ley rompe ese ciclo. Porque la realidad -todos lo sabemos- es que el tabaquismo es una adicción que inicia en la adolescencia. Evitar ese primer contacto cambia toda la historia.
No se trata solo de proteger a los jóvenes hoy… sino de construir un entorno progresivo donde ni siquiera tengan la opción de fumar.
¿Funcionará? Esa es la gran pregunta. Pero la lógica es sólida: si no hay nuevos consumidores, la epidemia se apaga con el tiempo.
Pronto otros países de primer mundo adoptarán esta medida o algo similar. Es el posible inicio de una tendencia global.
Desde luego, hay críticas: ¿Es una medida protectora o una intromisión en la libertad individual? ¿No es un paternalismo de estado? Pero más allá de la polémica, hay algo difícil de ignorar:
Por primera vez, una generación podría crecer sin el humo como parte normal de la vida adulta.
Y eso, para cualquier familia, sociedad, sistema de salud o país, es saludable y liberador. Esperemos que funcione.