Estoy emocionado con las pymes tradicionales”, dijo Marcus Dantus en MILENIO Emprende. “Estoy enfocado en invertir en ellas y creo que son la base para crecer la economía”. Me gustó su afirmación porque es un tiburón inversionista más enfocado en empresas con sello tecnológico y coincidimos: las pymes (hasta las más tradicionales) emocionan y pueden ser un trampolín de crecimiento.
Hay 5 millones de pequeñas y medianas empresas en México que generan siete de cada 10 empleos. Además de creativas y ágiles, viven en promedio ocho años, y seis de cada 10 tienen más de 11 años. Incluso cuando una de cada tres fracasa antes de cumplir un año de vida, las pymes sostienen nuestro país.
Conocemos su potencial. La presidenta Claudia Sheimbaum quiere fortalecer estos negocios vía el sello Hecho en México y el Plan México, que pronto cumplirá su primer año. El sello promete visibilidad, integración a cadenas de valor, impulso a exportación y apoyo gubernamental. El Plan México supone más posibilidades de financiamiento, digitalización y oportunidades de crecimiento.
Hay ciertos pendientes con mayor apremio que la integración a cadenas de valor en manufactura avanzada o aeroespacial: poco acceso a financiamiento —el capital arriesgado es propio y perderlo quiebra familias enteras—, violencia e inseguridad, carga fiscal y trámites.
La cuestión es sumar a todos los involucrados y generar un ecosistema sano que permita invertir en las pymes, hacerlas eficientes y alcanzar su potencial. Y por sano me refiero a extinguir esos dolores.
El tema de los trámites es penoso. Las mipymes mexicanas pierden mil horas al año en papeleo, lo que se traduce en 125 días laborales completos, según el Índice Burocracia 2025. Abrir una empresa mediana requiere 85 días laborales (otros datos indican que hasta 2.6 años) y mantenerla en regla 78 días. Me pregunto cuántos días operan y se enfocan en el negocio.
Hay iniciativas —la Ley Nacional de Simplificación y Digitalización, Modelo Nacional para Eliminar Trámites Burocráticos, la Ventanilla Digital Nacional de Inversiones—, cuyos resultados anhelamos para que no parezca suicidio emprender, y no hemos abordado la carga fiscal y social por formalización o la reducción de la jornada laboral a 40 horas.
¿Necesitamos más Marcus Dantus emocionados con las pymes tradicionales para atenderlas o nos caerá el 20 de su indiscutible relevancia en el futuro?