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Jueves , 25.04.2019 / 00:18 Hoy

100 palabras

Elefantes en Jalisco

Raúl Frías Lucio

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Hay decisiones que tienen un alto costo para los ciudadanos.

Hoy me refiero a dos obras que considero son “elefantes blancos” que cumplen a cabalidad con su antiguo significado: posesiones inútiles, costosas y difícil desprendimiento.

Una de ellas es el Rastro Metropolitano, cuya primera piedra fue colocada en junio del 2006 y se anunció que sería el rastro más grande y más moderno del país Tipo Inspección federal (TIF).

En el sexenio de Emilio González Márquez se le invirtieron más de 700 millones de pesos entre dinero público y privado (12.3% de inversión estatal, 18.5% de gobierno federal, 24.3% Unión Ganadera Regional y 44.6 % de privados), tendría capacidad de matanza de mil reses al día y hasta 2000 cerdos; generaría más de 800 empleos directos y produciría carne para vender a las grandes cadenas y hasta para exportar con una sanidad e inocuidad de excelencia. Nos dijeron que sería el rastro más grande de América Latina.

Hoy ese rastro ubicado en Acatlán de Juárez a 50 minutos de la ZMG, está completamente abandonado, cerrado. Sin terminarse y funcionando a medias, fue clausurado el año pasado por no contar con los permisos de habitabilidad, de impacto ambiental ni licencias para operar. En 13 años ha sido un devorador de presupuesto federal, estatal y privado, y de acuerdo al presidente de la Unión Regional Ganadera faltan 600 millones más para terminarlo y ponerlo en operación.

Se dijo que el rastro contaría con una planta tratadora de aguas negras y de otros desechos con lo que se produciría biogás, composta y electricidad. De eso, nada hay.

El otro es el complejo de las Villas Panamericanas, que consta de 3 edificios que albergan a 650 departamentos, que fue utilizado por 7 mil atletas solo 15 días en el 2011 durante el desarrollo de la justa deportiva, y que su uso provocó que se generara una laguna de pestilentes aguas negras a su alrededor, ya que nunca se conectó al drenaje y la planta tratadora de aguas fue insuficiente.

El gobierno de Emilio González Márquez, decidió construirla en la zona de El Bajío considerada como zona de fragilidad ambiental, pasándose por alto reglamentación municipal, estudios de impacto ambiental, invadiendo zonas de amortiguamiento del Bosque La Primavera. La inversión fue de 1,200 millones de pesos: 587 millones del Instituto de Promoción de la Vivienda (Iprovipe) y 340 millones de pesos provenientes del Instituto de Pensiones del Estado de Jalisco (Ipejal).

Dos “elefantes blancos”, convertidos en eso por el abuso de autoridad, por malas decisiones de gobernantes, por imponerse sobre autoridades municipales y habitantes de las zonas, proyectos que no fueron debidamente socializados y aún provocan el rechazo social, por inútiles, costosas.

@raulfriaslucio

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