Política

Veinte años es todo

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En un soplo se cumplirán veinte años del día en que López Obrador quiso impedir la sucesión presidencial. Me refiero al primer día de diciembre del año de 2006 y a los días en que el expresidente López inició la demolición de la democracia mexicana. Nadie me lo contó, ese día estuve en el Congreso enviado por Rubén Álvarez para escribir una crónica en El Universal, periódico para el cual escribía en ese año sombrío.

En una página de Nos acompañan los muertos dejé un breve relato del día de la toma de posesión de Felipe Calderón, la retomo con pequeños cambios para recordar ese día siniestro de nuestra vida política.

El día señalado para el cambio de poderes empezó bajo la sombra de los presagios funestos. Esa mañana, el salón de prensa hervía en la olla de los rumores. Los perredistas habían adherido a uno de los muros laterales una manta: “México no merece a un traidor a la democracia como presidente”. Había empezado el motín. Un instinto de guerra se había adueñado del Congreso y desatado en los medios de comunicación la sed de lo inesperado.

Los legisladores de izquierda clausuraron cuatro de las seis puertas de entrada al recinto con barricadas de sillas, butacas, tubos, cadenas y las vigilaron los diputados acompañados de sus choferes y secretarios particulares. No se oía nada bajo la escandalera de los silbatos, el Congreso de la Unión era un manicomio.

Pasaba el tiempo y la sala no alcanzaba el quorum sin el cual no tendría lugar la toma de poder. Me pregunté si lo que estaba viendo era de verdad un intento golpista. Detrás de nosotros, en el balcón de la prensa, una fila de legisladores priistas pasaba el cedazo de las barricadas rumbo al salón. Llevaban en la mano banderitas tricolores como si fueran velas y oficiaran una ceremonia clandestina. Ellos lograron el quórum.

Felipe Calderón tomó posesión entre empujones, silbatinas e insultos. Pudo ser peor. Apareció como por arte de magia, permaneció un minutos en la tribuna, protestó como Presidente de la República y se esfumó por la puerta trasera, detrás del color verde de una de las banderas que cubren la tribuna, debajo de una frase inútil: la patria es primero. A veces la historia se escribe así, en capítulos breves, exaltados e ineptos.

Siempre me gustó el tango de Gardel, pero aunque es un soplo la vida, veinte años es todo.


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Rafael Pérez Gay
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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