Política

Desventuras del apellido

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Me he vuelto un usuario infrecuente de Twitter. Durante algún tiempo usé y abusé de la vida de la fronda tuitera, de la servidumbre de los seguidores, de los retuits, los favoritos, la medida y desmedida de no sé qué grandeza en las reacciones del escaparate de la red social. No soy un crítico acérrimo de Twitter; si se toman las decisiones correctas, en la cronología se forma un conjunto de opiniones de valor que difícilmente podría reunir un lector de golpe y porrazo. Pero la verdad es que Twitter acumula también toda la estulticia, un verdadero pudridero del que más vale mantenerse alejado.

Un buen tuitero despierta y, apenas se quita las legañas, entra a Twitter para darle los buenos días al mundo tuitero en acto amable, pero misterioso. Como si abriera usted la ventana y gritara: buenos días, ¡sí existo!

Un día o una noche, no lo sé, ingresé a la pantalla. Voy a cimbrar mis rumbos tuiteros con un comentario de los buenos, pensé. Y descubrí que el azar me castigaba. En algún momento del tuiterío (si hay griterío, habrá tuiterío), mi nombre mutó en Twitter, como si fuera un accidente genético. De Pérez Gay, como se oye y se escribe, pasó a Pérez Guey (no güey, sino guey). La hecatombe, como decía mi padre. Es decir, en no sé qué esquina de la red social mi nombre cayó en la red del tuiterío homosexual. Desgracia. Es obvio que no tengo nada contra la elección de objeto homosexual (qué elegancia). Siempre he pensado que cada quien debe hacer con sus partes un papalote y con quien le dé su regalada gana.

El problema: desde aquella bifurcación de mi apellido han caído, por llamar así a las notificaciones, cantidades estrafalarias de tuits que contienen imágenes de pornografía gay. Tuve un ataque de melancolía. A mí no me asusta la pornografía, faltaba más, la he consumido como todos y todas las que leen estas líneas, pero puede ser algo anticlimático que abras en un restorán tu timeline y aparezca un falo de proporciones grandiosas ofreciendo prácticas indecibles.

Aún así, no son los falos, los falotes o los falitos los que me han alejado de Twitter, sino el insulto, la difamación, la ofensa anónima, la exhibición impúdica de la vida privada. En esto es insuperable.

Rafael Pérez Gay

rafael.perezgay@milenio.com

@RPerezGay


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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