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El algoritmo no basta

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«Los espíritus que invoqué, no logro detenerlos». El célebre verso de Johann Wolfgang von Goethe, en su poema de 1797 El aprendiz de brujo, resume el drama de un joven aprendiz. Con un hechizo la escoba acarrea el agua, en lugar de hacerlo él. Al principio todo sale bien. Después, el hechizo se sale de control y se inunda la casa. La lección llega demasiado tarde: automatizar una tarea nunca sustituye el conocimiento necesario para comprenderla, supervisarla y controlarla.

Este poema pudiera ser una analogía de lo que ocurre hoy con la inteligencia artificial en el entorno de los negocios. Durante los últimos años, la conversación ha estado dominada por las capacidades casi ilimitadas de esta nueva tecnología. Se le atribuyó el potencial de multiplicar la productividad, automatizar procesos y transformar industrias enteras. Sin embargo, conforme las organizaciones han pasado de la experimentación a la implementación, ha quedado claro que el verdadero desafío nunca fue poner en marcha la tecnología, sino aprender a dirigirla.

El algoritmo no basta. La IA funciona cuando se comprende que no es suficiente con instalarla en los dispositivos de las organizaciones. Los primeros años de adopción han dejado aprendizajes notables y consistentes en negocios de distintos tamaños y sectores. El primero resulta evidente: la IA no corrige procesos deficientes. Información fragmentada, reglas poco claras o áreas aisladas limitan cualquier iniciativa y, lejos de resolver esas deficiencias, la IA suele hacerlas más visibles.

Tampoco es un tema de costos. La mayor inversión rara vez está en adquirir un modelo o pagar una licencia. El verdadero esfuerzo consiste en integrar sistemas, adaptar procesos, capacitar a las personas y gestionar el cambio dentro de la organización hacia la transformación digital. Además, la IA no reemplaza el juicio humano. Los casos de mayor éxito siguen manteniendo a las personas en el centro de las decisiones, sobre todo cuando intervienen el contexto, la experiencia o la responsabilidad.

Finalmente, los mayores beneficios obtenidos por las empresas al implementar soluciones basadas en la IA, es cuando ya no la utilizan como una herramienta aislada. La integran como una capa capaz de conectar información, coordinar tareas y articular procesos entre distintas áreas. El valor deja de estar en el chatbot y pasa a la capacidad de la organización para rediseñar su forma de trabajar.

Por lo tanto, el uso de la IA en los negocios ha pasado de concentrarse en asistentes capaces de redactar textos, resumir documentos, generar imágenes o escribir código, a coordinar procesos completos, conectar sistemas y facilitar la colaboración entre distintas áreas de la organización. En la práctica, esto significa que un banco ya no utiliza la IA solo para responder preguntas de sus clientes. También la integra para analizar solicitudes de crédito, detectar operaciones inusuales, generar reportes regulatorios y asistir a los ejecutivos durante el proceso de decisión.

En manufactura, la IA conecta información proveniente de compras, inventarios, producción y mantenimiento para anticipar interrupciones y optimizar la operación. En salud, acompaña al personal médico desde la programación de citas hasta el análisis de estudios clínicos y el seguimiento de pacientes. Volviendo al poema de Goethe, el objetivo deja de ser una escoba embrujada transportando agua y pasa a ser toda una casa funcionando de manera ordenada.

Aunque a diferente velocidad, México comienza a recorrer ese mismo camino. Las grandes corporaciones y las empresas tecnológicas lideran proyectos más integrados, mientras muchas pequeñas y medianas empresas siguen concentrando sus esfuerzos en herramientas para productividad, atención al cliente, ventas, mercadotecnia o generación de contenido. Lejos de representar un rezago, esta etapa ofrece una oportunidad valiosa. De hecho, el Work Trend Index 2025 de Microsoft encontró que el 89% de los líderes empresariales en México planea incorporar agentes de inteligencia artificial. Sin embargo, el objetivo ya no consiste en experimentar con nuevas herramientas, sino en avanzar hacia las llamadas Frontier Firms, organizaciones con procesos rediseñados alrededor de agentes inteligentes y nuevos modelos de trabajo.

Aun así, esa visión de empresas organizadas alrededor de la IA todavía dista de ser una realidad generalizada. Un estudio realizado en 2026 por investigadores del MIT sobre compañías del índice S&P 500 encontró apenas alrededor del 11% de empresas con una integración profunda de la IA en sus procesos de negocio durante 2025, mientras otro 10% la utilizaba para producir bienes o prestar servicios. La transformación organizacional sigue siendo, por ahora, la excepción y no la regla.

Otra evidencia apuntando en la misma dirección es el informe State of AI 2025 de McKinsey, el cual señala que el 88% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en al menos una función del negocio. Sin embargo, muy pocas han conseguido extenderla de forma transversal a toda la organización. La mayoría permanece en pilotos, experimentos o aplicaciones aisladas. La verdadera diferencia, por tanto, ya no radica en adoptar IA, sino en la capacidad de convertirla en una nueva forma de organizar el trabajo y generar valor.

De esta forma, la advertencia de Goethe conserva toda su vigencia. El desafío no se trata de encontrar una “escoba” capaz de transportar agua sin descanso, sino en evitar el anegamiento de la casa. Con la IA ocurre algo parecido. La diferencia entre una moda pasajera y una verdadera ventaja competitiva no radica en la potencia del algoritmo, sino en la capacidad de una organización para controlarlo.


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Pilar Madrazo Lemarroy
  • Pilar Madrazo Lemarroy
  • Académica e investigadora en la Facultad de Economía y Negocios de Universidad Anáhuac México, sus líneas de investigación están relacionadas con la industria Fintech, finanzas conductuales e inversión con impacto.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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