Este domingo fue canonizado el Papa Pablo VI, junto con Monseñor Romero y otros cinco santos más. Uno de los documentos más notables de éste pontífice ha sido la encíclica “Populorum progressio”, promulgada en 1967, cuyo nombre significa “El progreso de los pueblos” y que se llama así porque inicia precisamente con dichas palabras.
La encíclica en cuestión se propone ante todo como una exhortación a promover el desarrollo de los pueblos, pero el recién proclamado santo vincula en su texto la palabra “desarrollo” a la palabra “integral”. En efecto, pretende hacer un “solemne llamamiento para una acción concreta en favor del desarrollo integral del hombre y del desarrollo solidario de la humanidad”. Por lo mismo se entiende que no se trata de promover cualquier tipo de desarrollo, sino uno “integral”. Son dos los sentidos que posee éste último término, uno dando a entender el desarrollo de todos los seres humanos y, otro, dando a entender el desarrollo de todos los aspectos del ser humano, o sea corporal y espiritual.
Sin duda es interesante ver cómo en aquel tiempo, los años sesenta, se percataba y advertía de la tentación de “los mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones” y se preguntaba: “¿Quién no ve los peligros que hay en ello, de reacciones populares violentas, de agitaciones insurreccionales y de deslizamientos hacia las ideologías totalitarias?”. Sobre todo, es importante cómo subrayaba que “el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico” e insistía en que “para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre”.
Citando al P. Lebret, San Pablo VI decía que “Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”. En nuestros días este continúa siendo un asunto capital para los pueblos, porque sigue siendo urgente poner de relieve estos aspectos.
La idea del desarrollo se liga en la “Populorum progressio” a la de humanismo e, igualmente, se le añade el adjetivo “integral”, o también el adjetivo “pleno”, para distinguirlo, creo yo, de presuntos humanismos contrarios a la consideración de la dimensión espiritual y religiosa del hombre. Por eso añade: “No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana”.
El progreso de los pueblos
- Visión Social
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Pedro Miguel Funes Díaz
Ciudad de México /