El pueblo, el territorio y el gobierno son componentes básicos del Estado, aunque generalmente cuando se habla de Estado, se habla sobre todo del gobierno. La cuestión no es banal, porque si se trata de la soberanía y de la rectoría del Estado en algún campo, en el terreno práctico tal cosa se traduce en el absolutismo de un determinado gobierno, o todavía más, de los políticos que detentan el poder. Por ejemplo, si decimos que al Estado corresponde la rectoría de la educación tal vez nadie proteste, pero si decimos que, por lo tanto, son los políticos los que deciden la educación de los hijos, naturalmente muchos padres estarían en profundo desacuerdo.
Tal vez por eso, porque gobierno y Estado no son exactamente lo mismo, aunque están íntimamente vinculados, el "Compendio de la doctrina social de la Iglesia", como habíamos comentado en otro artículo, dedica un capítulo más bien a la "comunidad política" que al Estado, lo cual evita que se identifique sin más la política con el gobierno.
Se introduce entonces otra distinción, y se afirma que "la comunidad política se constituye para servir a la sociedad civil, de la cual deriva". Existe una realidad precedente a la comunidad política y que se denomina sociedad civil. Si se tiene en cuenta esta distinción y se entiende que el ser humano es un ser social por naturaleza que, además, es libre y orientado a lo trascendente, entonces no podrán aceptarse ni el individualismo ni el colectivismo, que son ideologías que deforman a la persona y a la sociedad.
Los seres humanos, al formar la sociedad, que se origina en última instancia de las familias, establecen un amplia gama de relaciones. Muchas de esas relaciones son autónomas de los poderes político y económico. Son un ámbito de contribución libre al bien común, en favor del cual es justa la participación de todos, como sostenía el papa León XII en la "Rerum novarum": "El fin establecido para la sociedad civil alcanza a todos, en cuanto persigue el bien común, del cual es justo que participen todos y cada uno según la proporción debida".
El "Compendio" complementa la idea diciendo que la sociedad civil "se caracteriza por su capacidad de iniciativa, orientada a favorecer una convivencia social más libre y justa, en la que los diversos grupos de ciudadanos se asocian y se movilizan para elaborar y expresar sus orientaciones, para hacer frente a sus necesidades fundamentales y para defender sus legítimos intereses."