Cultura

Notas para una genealogía de la eutanasia

I. La muerte negada

Durante los largos días de la agonía de Iván Ilich, él sabía perfectamente que iba a morir; lo sabía su médico, su familia y todos los que lo rodeaban: la enfermedad era irreversible y la muerte, inminente. Sin embargo, nadie se atrevía a hablar de “eso”, nadie nombraba la muerte; cada visita médica, cada conversación familiar y cada gesto cotidiano parecían sostener una ficción en la que aún existía una esperanza de curación. Como si fuera imprescindible esconder la muerte. De “eso” no se habla.

En La muerte de Iván Ilich, más que describir la agonía de un hombre, Tolstoi describe una de las formas más terribles de la soledad humana, que es la de quien a pesar de estar muriendo, se encuentra rodeado de personas incapaces de reconocer esa realidad e incapaces, por lo mismo, de ser empáticas. El verdadero sufrimiento de Iván Ilich no proviene sólo del dolor físico, sino de la imposibilidad de hablar con verdad sobre aquello que todos saben y nadie quiere mencionar.

Más de un siglo después, nuestra relación con la muerte ha cambiado mucho menos de lo que solemos imaginar. Vivimos en una época capaz de trasplantar órganos, reemplazar articulaciones, mantener durante meses el funcionamiento artificial de un cuerpo o aliviar dolores que hace apenas unas décadas resultaban insoportables. La medicina ha conquistado logros extraordinarios. Sin embargo, seguimos experimentando una profunda incapacidad para mirar de frente la única certeza que acompaña toda existencia humana: todos vamos a morir.

La muerte ha dejado de formar parte de la vida para convertirse en una especie de fracaso. Se oculta en los hospitales, se disfraza con eufemismos, se rodea de silencios y protocolos. Hablamos con naturalidad del nacimiento, del éxito, incluso de la enfermedad y de la violencia, pero la muerte continúa siendo, para muchos, un tema casi prohibido. Como si evitar nombrarla pudiera retrasar su llegada.

Y, sin embargo, toda filosofía comienza precisamente allí donde termina esa ilusión. Los antiguos griegos y romanos, que tanto contribuyeron a conformar la psicología occidental, sabían que aprender a vivir implicaba aprender a morir. La muerte no era un accidente vergonzoso que debía ocultarse entre cortinas de hospital, sino parte inseparable de la existencia humana, pues toda vida es mortal. Así, quien aspiraba a vivir con sabiduría debía también prepararse para abandonar la vida con lucidez cuando llegara el momento.

La muerte de Séneca fue hermosa: condenado a morir por orden de Nerón, el filósofo estoico, rodeado de sus discípulos y de su esposa Paulina, se abrió las venas con serenidad para poner fin a su vida, convencido de que la libertad del ser humano es la capacidad de decidir cómo afrontar el propio destino. Paulina decidió acompañarlo, pues no quería sobrevivir para padecer la violencia que le esperaba. Séneca no sólo respetó aquella decisión, sino que la celebró con palabras que hoy siguen sorprendiendo por su fuerza moral: «Yo te había aconsejado resignarte a vivir; tú prefieres el honor de morir. No me opondré a un ejemplo tan noble». Sí: la eutanasia llegó a considerarse un noble ejemplo.

No importa aquí el desenlace —Paulina fue finalmente salvada por orden de Nerón—, sino la concepción de la libertad que aquella escena pone de manifiesto. Nadie consideró escandaloso que una persona pudiera decidir sobre el final de su propia existencia. Al contrario: esa decisión podía ser entendida como una expresión de dignidad y de autonomía.

Estamos muy lejos de ese mundo. Hoy la sola posibilidad de que un individuo decida libremente poner fin a un sufrimiento irreversible provoca intensos debates jurídicos, religiosos y políticos. Lo que para los antiguos podía formar parte del ejercicio de la libertad personal terminó convirtiéndose, con el paso de los siglos, en uno de los mayores tabúes de Occidente.

¿Cómo ocurrió esa transformación? ¿En qué momento dejamos de considerar que la vida pertenecía al individuo para pensar que pertenece a una autoridad superior? Esa es la historia que intentaré reconstruir en las dos siguientes entregas.


Google news logo
Síguenos en
Paulina Rivero Weber
  • Paulina Rivero Weber
  • paulinagrw@yahoo.com
  • Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.