Como sabemos, la Reforma Electoral planteada por la presidenta Claudia Sheinbaum no fue aprobada, ya que requería mayoría calificada de sus aliados, que no votaron a favor. Y es que la Reforma contenía una innovación sobre como elegir al 50 por ciento de los plurinominales, lo cual le quita representatividad a los partidos pequeños en estados grandes, lo cual me parece un argumento que iría en contra de la representatividad de los partidos minoritarios,
Actualmente, en la Cámara de Diputados (500 escaños totales), hay 300 diputados uninominales (elegidos por mayoría en distritos electorales locales), 200 diputados plurinominales (de representación proporcional), asignados a partir de listas cerradas elaboradas por los partidos en 5 circumscripciones plurinominales (regiones multiestatales). Estos se distribuyen para que cada partido alcance una proporción de escaños acorde a sus votos nacionales totales, con un tope del 8% de sobrerrepresentación.
El actual sistema beneficia a partidos pequeños como el PT (que suele obtener alrededor del 3-5% de votos nacionales), ya que pueden colocar a sus principales líderes, en posiciones seguras de la lista sin necesidad de competir directamente en distritos. El PT ha usado este sistema para mantener “cacicazgos regionales” en estados como Nuevo León, Chihuahua o Tlaxcala, donde colocan a figuras clave sin exponerlas al voto directo.
La iniciativa de la reforma electoral buscaba eliminar las listas cerradas para plurinominales y reemplazarlas con un sistema donde estos escaños se asignen a los candidatos “mejor votados” (o “mejores perdedores”) de cada partido por jurisdicción (generalmente interpretado como circumscripción o, en variantes discutidas, por estado o región). Es decir, por un lado los plurinominales no serían designados por las cúpulas partidistas, sino elegidos entre los candidatos que perdieron en distritos uninominales pero obtuvieron los porcentajes de votos más altos en su partido dentro de una jurisdicción. Esto obliga a todos los aspirantes a hacer campaña y buscar votos populares, promoviendo una mayor democracia interna y externa.
El PT rechazó la propuesta argumentando que perjudicaría a los partidos minoritarios como ellos, afectando la pluralidad política y su capacidad para representar voces marginadas. Específicamente, destacaron que en estados grandes (como el Estado de México, Jalisco, Veracruz o Ciudad de México, con muchos distritos electorales. Por ejemplo, Edomex tiene 40 distritos federales), donde el nuevo método los pondría en desventaja. En primer lugar, en estados grandes con decenas de distritos, un partido pequeño como el PT (con recursos limitados) debe dispersar sus esfuerzos y candidatos en múltiples zonas. Sus votos totales se reparten en muchos candidatos, lo que resulta en porcentajes individuales bajos por distrito (ej.: 5-10% por candidato). En segundo lugar, para calificar como “mejor votado” y ganar un plurinominal, un candidato perdedor necesita un porcentaje alto relativo (comparado con otros perdedores del mismo partido en la jurisdicción). Si los votos están diluidos, pocos o ninguno de los partidos pequeños alcanzará el umbral necesario para competir por esos escaños proporcionales. Por tanto, el PT podría obtener votos totales suficientes para merecer escaños proporcionales, pero no tener “mejores perdedores” competitivos, perdiendo representación.
En estados pequeños (como Colima con 2 distritos, o Baja California Sur con 2), el PT puede concentrar recursos en pocos candidatos, logrando porcentajes más altos (ej.: 15-20% en un distrito), incluso si pierden. Esto los posiciona mejor como “mejores perdedores” y les da acceso a plurinominales. En grandes estados, la competencia es más intensa (más partidos fuertes, más votantes, campañas costosas), y el PT históricamente es débil en ellos sin alianzas. Sin listas cerradas, dependen de fortalezas locales que no tienen, lo que reduce sus escaños totales.
Un negociador del PT argumentó que “los dirigentes no pueden estar en campaña y al mismo tiempo planear la estrategia y dirigir el partido”, implicando que el sistema obliga a sus líderes a competir en distritos riesgosos, donde en estados grandes es más probable perder sin alto porcentaje.
Visto hacia adelante, es necesario encontrar una fórmula democrática de asignación de plurinominales que sea más democrática, pero que no reste representatividad a las minorías a nivel nacional.