Cultura

Ella

Con el correr de los años, me he dado cuenta que “Ella” es quizás una de las canciones de mi padre que han generado mayor polémica. Al principio, contaban que había sido un tema controversial que suscitó desconcierto entre la población masculina, ya que a la mayoría no le gustaba aquello de “Me cansé de rogarle”, ni la imagen del hombre brindando con el llanto en los ojos. Le toca a cada uno evocar como un murmullo la súplica, pues Jiménez no dio fórmulas sobre el ruego. A pesar del desagrado la canción tuvo mucho éxito. Sorprendiendo aún más porque el primer intérprete fue Jorge Negrete, quien representaba la imagen del macho por excelencia. Casi al instante, decidieron grabarla Miguel Aceves Mejía y Pedro Infante. Paralelamente, algunos productores cinematográficos compraron los derechos para incluir “Ella” en películas como Arrabalera, El gavilán pollero y El tigre del Bajío.

“Me cansé de rogarle, me cansé de decirle que yo sin ella de pena muero. Ya no quiso escucharme, si sus labios se abrieron fue pa’ decirme: ya no te quiero…”.

José Alfredo Jiménez acomodando sus discos de oro. CORTESÍA
José Alfredo Jiménez acomodando sus discos de oro. CORTESÍA

José Alfredo irrumpió en el ámbito del espectáculo cuando se estaba construyendo esa imagen que todavía pervive, difundida en el mundo como parte de la identidad nacional. El charro urbano bragado y bravío dispuesto a todo para conquistar a la amada. Frente a este panorama, mi padre expone en sus letras los sentimientos, evidenciando al género masculino, que no quiere verse vulnerable. El lenguaje y su sensibilidad le permitieron expresar con palabras sencillas, emociones que hasta entonces no se habían dicho con tanta naturalidad y desparpajo. Cómo se sintió el poeta:

“Yo sentí que mi vida se perdía en un abismo profundo y negro como mi suerte. Quise hallar el olvido al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila, me hicieron llorar…”.

Ella le había roto el corazón, pero lo empoderó para expresarse. Caer en un abismo profundo y negro es desolador. El discurso detrás de sus versos es el arma de este poeta popular que nació para cantar, mostrándonos con sus narraciones una cartografía del dolor, de la nostalgia, del desconsuelo, del llanto o aquel de la esperanza, la alegría, el placer… en fin la gama de emociones que brotan cuando el amor nos atrapa, cuando el desamor nos derrota.

Cristina Fernández, joven estudiante en la escuela Normal, era tía lejana de Fello. Coincidían en reuniones familiares y vivían en el mismo barrio. Si bien José Alfredo la pretendía, no era el único que se interesaba en ella. Cuenta Rubén Quintino en su libro Trovadogmática desde José Alfredo, que fue ella quien le inspiró las primeras letras; sin embargo, en la libreta negra, en donde se encuentran las canciones de mi padre, he descubierto que desde 1943, hay varias letras dedicadas a otras musas. Considero que la experiencia que vivió con Cristina tuvo una resonancia más impactante en el alma del compositor. Además, debo señalar que para 1950, con certeza el autor ya había madurado. Por otra parte, en su cuaderno bitácora escribió que había estrenado “Ella” en los micrófonos de la XEX, la voz de México, en abril de 1950.

“Me cansé de rogarle, con el llanto en los ojos alcé mi copa y brindé con ella, no podía despreciarme: era el último brindis de un bohemio con una reina…”.

El tiempo siguió corriendo y las grabaciones de la canción proliferaron en distintos estilos y ritmos. Fue una de las primeras que obtuvo el trofeo “Disco de oro” por sus ventas. Un ejemplo notable es la versión de Bunbury en el disco de Un mundo raro; otro, la interpretación de El Cartel de Santa en el álbum conmemorativo del treinta aniversario luctuoso, titulado XXX.

Varios años después de la muerte de mi padre se suscitó un revuelo cuando la Doña, María Félix, declaró que José Alfredo le había dedicado “Ella”. En realidad, pienso que se debió a un mal entendido, pues en una ocasión, reunidos en un evento importante, papá le pidió a don Pedro Vargas que le cantara la canción, haciendo hincapié o énfasis en los versos que dicen: “Era el último brindis de un bohemio con una reina”. María no estaba emitiendo una falsa declaración, en verdad José Alfredo le dedicaba la canción a través de la voz del gran tenor. A quien yo recuerdo con especial cariño, pues en la misa de mis quince años me cantó el Ave María; fue un regalo maravilloso. María no dijo me escribió la canción, comentó que se la había dedicado. En un programa de televisión la Doña platicó que, estando en Buenos Aires, Pedro Vargas le dedicó “Ella”, a petición de su autor. La canción resurgió mientras los medios difundían diversas versiones de lo que María había comentado.

Desde luego que en programas televisivos y radiofónicos comenzaron a interrogar aquí y acullá, el chisme se propagó de inmediato. Era lógica la identificación de la gran diva con un poema de ese calibre y fueron naturales también las reacciones que surgieron por distintos lugares. La canción ya tenía sus añitos, pero vivió un segundo aire con el relato de María. Recuerdo que, en un inicio, mi madre estaba un poco molesta; sin embargo, muy pronto entendió que las narraciones de este género tienen un vínculo dosificado por el ego del narrador. Asimismo, habría más eco e interés en el mundo por el tema si era María Félix la que contaba aquella historia.

“Los mariachis callaron, de mi mano sin fuerza cayó mi copa sin darme cuenta. Ella quiso quedarse cuando vio mi tristeza, pero ya estaba escrito que aquella noche perdiera su amor”.

Fue así que “Ella” quiso quedarse entre nosotros para seguirla escuchando en la versión de nuestra preferencia.


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Paloma Jiménez Gálvez
  • Paloma Jiménez Gálvez
  • paloma28jimenez@hotmail.com
  • Estudió la maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana, y es Doctora en Letras Hispánicas. Desarrolló el proyecto de la Casa Museo José Alfredo Jiménez, en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Publica su columna un sábado al mes.
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