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Miércoles , 24.04.2019 / 09:22 Hoy

Nada personal

Gobernadores, con todo y la Conago, anulados

Pablo Ruiz Meza

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Una de las primeras hipótesis respecto a qué grupo de gobernadores serían los más dóciles frente al apabullante gobierno de la 4T, todo parecía indicar sería el bloqueo del mandatario del PRI, y la previsión fue atinada.

Salvo Enrique Alfaro, de Jalisco, y Javier Corral, de Chihuahua, que resultaron rezongones, el resto de gobernadores, del PRI y PAN, se pusieron de alfombrita y tragaron sapos, o gansos.

Es tal el presidencialismo exacerbado del gobierno de la 4T, que el “club” de gobernadores agrupados en la Conferencia Nacional, la Conago, frente al presidente, literal, quedaron como adorno.

Pasado el pacto federal por el arco del triunfo de los 30 millones de votantes, la Conago ha entregado su cuerpecito al presidencialismo de la 4T, dando por hecho, con sus omisiones, que se acabó el pacto federal y el país republicano.

Los gobernadores y su sindicato están tan débiles, sin peso político, que juntos, arriba de un jitomate, no lo magullan.

Tal descripción metafórica no debería alegrar a nadie, salvo a los zombies aplaudidores, porque el hecho mismo pone al país federado en uno de sus momentos más críticos, lesivo para la democracia y la civilidad política.

Es una grosería para el pacto federal y para la república la manera inquisitoria en que son exhibidos y humillados los gobernadores en la plaza pública, donde son objeto de todo tipo de insultos, convirtiendo los templetes en el patíbulo social de la arenga.

En el siglo XXI observar y escuchar a un presidente de la República sometiendo a votación si un gobernador constitucional debe hablar o quedarse callado, es la agresión más brutal a los principios básicos de la carta magna, porque los anula ante un público sediento de venganza.

Instigar a la agresión verbal, al abucheo y silbatina, convierte los escenarios públicos en paredones de juicios sumarios, como lo hacían los nacionales contra los republicanos durante la sufrida y desgarradora guerra civil española.

Si se trata de infundir miedo en el ejercicio del poder, el cometido se ha cumplido, en medio de la barbarie nacional ligada a la violencia delictiva que ha dejado dolor y desesperanza con los miles de muertos y desparecidos.

pablo.ruiz@milenio.com

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