Política

Lo que no se puede reemplazar

En un mundo donde las máquinas pueden aprender, el acto más revolucionario es mantener, de forma profunda y obstinada, la belleza humana, y enseñar de esa manera”.

Con estas palabras cerró la conferencia inaugural la científica y educadora María Anityasari, en un congreso de innovación educativa para la ingeniería, organizado en Japón por la universidad budista de Taisho. Su exhorto es claramente oportuno: si la inteligencia artificial (IA) es “capaz” de hacer casi todo, ¿cuál será el rol del profesorado?

La pregunta exige una respuesta a la altura del cambio que la IA está provocando en los procesos de enseñanza y aprendizaje, porque la obsolescencia instantánea del conocimiento docente, el desfondamiento de la vocación docente, la brecha entre los que tienen acceso a la tecnología y los que no, y el ocaso de profesiones que se valen de tecnologías que las condenan a desparecer, son tan sólo algunos de los efectos que enfrentamos quienes vivimos en el mundillo de las aulas universitarias.

La propuesta de Anityasari se extiende más allá del campo de las ingenierías. La universidad, dice, si desea continuar siendo viable y pertinente deberá rehumanizar el currículum, colocar lo humano al centro y ahondar y bordar fino en los espacios que hoy resultan inaccesibles a la tecnología: la pasión, la honestidad y el compromiso.

Dado que no es posible automatizar la serie de cuidados requeridos por un estudiante universitario, estamos ante la oportunidad dorada de recuperar el rol de guía y consejero que el docente tuvo hace más de 30 años, y que hoy es un recuerdo lejano.

Recuperar esta función es clave, porque la formación integral exige ir más allá de la enseñanza disciplinar, incluso, del dominio de técnicas disruptivas para que el estudiantado aprenda y use adecuadamente lo que aprende.

Educar en tiempos de IA exige el coraje y valor para decir “no sé”, siendo tal declaración “la cosa más radical que un profesor puede decir”. Así pues, un docente no vale por el conocimiento que acumula sino, como dice Anityasari, por “cómo piensa, cuestiona y el cuidado que pone en el uso de las respuestas que genera”.

Esto último supone un compromiso docente renovado: como humano con sus estudiantes, con su afán de tocar la realidad en cada clase y la obligación autoimpuesta de resolver problemas sociales que pueden abordarse a través de la profesión.

Visto lo visto, a quienes creemos en el valor de la humanidad la tecnología no nos puede reemplazar.


Google news logo
Síguenos en
Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.