Con el muy adelantado trabajo de posicionamiento de personajes que quieren ser abanderados en la elección del 2027, ya sea para diputaciones locales y federales o para las alcaldías y ayuntamientos por Morena, parece que a este partido le llega rápido el reto de lidiar con la abundancia de personalidades que se consideran con mérito y derecho para recibir la nominación y resistir ante el descrédito por quienes faltaron desde el poder a la ley, entre los que actualmente ostentan las posiciones y quieren aprovechar la que aparentemente puede ser la última oportunidad para buscar una reelección o postular a una persona muy cercana, incluso con algún parentesco; contra los que han estado apoyado y esperaron pacientes a que llegara su tiempo para subirse a ese “tren” que todavía ven arrasador, con la disyuntiva de tener que trabajar con resignación si no les favorece la suerte o buscan una vez más otra opción para tratar de hacer florecer sus anhelos.
Es una elección intermedia en la cual el partido dominante trata de hacer prevalecer su fuerza a pesar de la serie de señalamientos que a nivel nacional están enfrentando algunos de sus personajes prominentes, por malas conductas y vínculos que han dejado pensar como la obsesión por el poder y la ambición los han comprometido, e incluso pueden estar aun confiando en que su gran dominio los hace invulnerables tras haber incurrido en ilegalidades, y todavía apuestan que su suerte les mantenga impunes y prolongue su racha de fortuna y poder.
Tanto la nueva dirigencia nacional de Morena como la Presidenta de la República han asegurado con insistencia en los últimos días, ante la presión de autoridades de Estados Unidos por detener y entregar al que se dice podría ser el primer grupo de funcionarios y ex funcionarios sinaloenses que tienen vínculos con el crimen organizado, que en su partido no se ha permitido ni se permitirá que ninguna persona que haya cometido alguna ilegalidad quede impune y menos que sea postulado a alguna posición de representación; pero la reciente entrega-captura del exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, Gerardo Mérida Sánchez y Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas, han dinamitado la confianza en la postura y defensa trazada y ahora al parecer solo quedará la opción de intentar un viraje donde logren el menor daño al movimiento que creció con la bandera de la lucha anticorrupción.
Tiene el partido en el gobierno la aparente ventaja para mantener su dominio, en la lealtad que generan los programas sociales y la poca confianza que hoy inspiran los más antiguos partidos y los partidos más jóvenes, pero hoy más que nunca deberían preocuparse todos por postular candidatas y candidatos honorables y pronto tendríamos que asumir mexicanas y mexicanos que debemos ejercer un juicio más crítico y realizar una revisión acuciosa para decidir la persona a la que se podrá apoyar en las próximas elecciones locales, e intentar recuperar el poder del voto ciudadano si nos interesa que la situación no se siga descomponiendo. Ojalá esto no fuera tan difícil, pero si no se da a las dirigencias partidarias un claro mensaje, no nos lamentemos después. Estamos a tiempo y el poder sigue siendo de la ciudadanía