Después de más de dos décadas en contacto con adictos en recuperación y al menos cinco años de dedicarnos a la consulta privada, seguimos observando que hablar de alcoholismo y adicciones continúa siendo un mito o un tema muy estigmatizado, lo cual es un obstáculo para la atención y tratamiento.
Me parece inverosímil que en pleno siglo XXI, cuando en muchos sectores el consumo de tabaco, alcohol y diversas drogas se ha normalizado como una costumbre social, sigamos teniendo ceguera para aceptar nuestra realidad y poder entrarle al tema de lleno.
Mientras que hay temas cada vez más abiertos, como el debate sobre la legalización de la cannabis y en al ámbito de los jóvenes más que en otros, el tema del consumo de drogas es uno muy socializado o en otra modalidad, todo mundo habla de los casinos y se les consideran centros recreativos, a la hora de aceptar que se ha desarrollado la enfermedad de la adicción, ésta sigue cargada de pena, vergüenza, culpa o un secreto al interior de las familias, de lo cual no se debe hablar en público.
Estas circunstancias me hacen recordar lo que se comenta en algunos grupos anónimos de los 12 pasos, cuando se habla del anonimato justamente y los nuevos prospectos dicen que esta herramienta está hecha para protegerse de la crítica social.
“Yo cuando llegué a la agrupación me daba pena incluso dejar mi carro cerca y prefería estacionarme en otra cuadra y venirme caminando sin que nadie me viera”, decía alguna vez un recién llegado, a lo cual los viejos custodios le respondían: “pero como no te daba vergüenza salir de las cantinas o de los antros en perfecto estado de intoxicación, ahora deberías sentirte orgulloso de entrar a un lugar a donde estás salvando tu vida y no a seguirla perdiendo”.
Siempre desde que inicié con estos artículos en Milenio he sido partidario de hablar de frente, sin miedo al miedo, porque sólo conociendo quién es el enemigo, podemos apoyar a combatirlo.
Quienes atendemos adicciones no estamos en contra del uso o el consumo, finalmente es una elección personal y para eso existen las regulaciones sanitarias y de prevención en cada sustancia o conducta adictiva, pero de igual manera decimos con toda firmeza que debemos ver la enfermedad con toda naturalidad, como un primer paso para atenderla y garantizar a los pacientes un trato digno en su proceso de rehabilitación.
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