La semana pasada tuve oportunidad de asistir a una conferencia que brindó en Monterrey el comunicador, escritor y pastor, Dante Gebel, en su gira internacional denominada “PresiDante”.
En plena época electoral en nuestro país, me pareció un monólogo lleno de propuestas y una profunda invitación a reflexionar sobre los valores humanos universales, resumidos magistralmente en cinco propuestas por el argentino radicado en California.
Recordar nuestras raíces, valorar el tiempo presente, dejar de darle tanta importancia a las cosas materiales, aceptar la vejez como parte de nuestro camino y, estar preparados para la muerte como parte de la vida.
En una presentación llena de risas, lágrimas y emociones que remueven nuestras voces interiores, Gebel simplifica lo que humanamente sería una fórmula para vivir de una mejor manera y cuya intención es que cualquier ciudadano del mundo pudiéramos adoptar, incluyendo a nuestros gobernantes por supuesto.
Aunque algunos quizás se dieron cita en el auditorio pensando que encontrarían al Dante Gebel que predica cada ocho días en su iglesia River Arena y que se transmite por redes a todo el mundo, la realidad es que quien nos dirigió el mensaje fue el ser humano, pensador y comunicador con una gran sabiduría y humildad, haciendo incluyente su guión para cualquier credo, aunque al final le dio el crédito de la inspiración de su narrativa a las enseñanzas de Jesús.
¡Qué manera de evangelizar sin predicar y sin religiosidad! Solamente con un profundo amor por la humanidad, un gran sentido común, pleno conocimiento de los valores universales y un gran talento como comunicador que pone a reflexionar al más escéptico de sus escuchas.
Posiblemente no se descubrió el hilo negro en la charla, aunque la forma en que está estructurada y acompañada de testimonios personales de su historia de vida logran conectar con quienes acudimos en busca de enseñanza.
Si olvidamos de dónde venimos estamos condenados al desarraigo y a la falta de identidad, independientemente de los caminos que la vida nos haga andar.
Si vivimos anclados al pasado o ansiosos por el futuro, nos estaremos privando de lo único que tenemos que es el día de hoy.
Cuando nos vayamos a la eternidad o cuando nos muramos (para los que no creen en la vida eterna) no nos llevaremos nada material, por lo que más nos valdría aprender a fluir sin apegos y ligeros de equipaje.
La vejez es una actitud, aunque la edad nos llevará a todos a padecer los cambios físicos de la tercera edad y sus efectos secundarios, razón para aceptarlos con alegría y sabiendo que es una parte natural de nuestro andar que deberemos portar con dignidad y orgullo.
Finalmente, dejar de temerle a la muerte que es parte de la vida y que para los creyentes es el tránsito a la paz eterna, con una visión que nos lleve a morir estando vivos y no a vivir muertos.
Cinco propuestas maravillosas en un acto de dos horas y media que, después de varios días, sigue resonando en mi cabeza como una invitación a encontrar la forma de hacer que todo valga la pena.