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La mujer que le silbó al mundo

En Kansas City no apareció un delantero para marcar un triplete ni un portero para detener un penal imposible. Apareció una MUJER MEXICANA, con los colores de la bandera bordados en los hombros, caminando hacia el centro de la cancha con esa mezcla de nervios, orgullo y belleza silenciosa que tienen los sueños cuando por fin se cumplen.

Porque sí, AUNQUE INCOMODE, las mujeres ¡también soñamos con el futbol!

Aunque durante mucho tiempo nos hicieron creer que ciertos lugares no estaban hechos para nosotras. La banca de entrenador, la cabina de análisis, la presidencia de un club o el centro del campo con un silbato en la mano parecían territorios reservados para otros.

Y, sin embargo, ahí estaba Katia; serena, elegante y firme. Con esa fortaleza tan femenina de sostener la presión sin hacer ruido y cargar el peso de un momento histórico sin perder la sonrisa.

Cuando hizo sonar el silbato, no comenzó solamente un partido entre Países Bajos y Túnez. Comenzó otro capítulo para las niñas que hoy juegan futbol en una cancha de tierra, para las que coleccionan estampas del Mundial, para las que se ponen un uniforme demasiado grande y se imaginan algún día en un estadio lleno.

Katia se convirtió en la primera árbitra mexicana en dirigir un partido varonil de Copa del Mundo. Pero las primeras veces nunca son únicamente de quien las protagoniza.

Las primeras veces les pertenecen a todas. A las mujeres que llegaron antes y encontraron puertas cerradas. A las que soportaron las burlas. A las que tuvieron que demostrar el doble para recibir la mitad del reconocimiento. A las que insistieron cuando parecía más sencillo renunciar.

Por eso el uniforme de Katia tenía algo especial. Las franjas tricolores parecían una pequeña declaración de principios: México estaba ahí, sí, pero también estaban la perseverancia, la disciplina y la terquedad de una mujer que se negó a aceptar que ciertos sueños tenían género.

El partido transcurrió con algunos sobresaltos, un choque accidental, decisiones revisadas por el VAR y momentos de tensión que acompañan cualquier encuentro mundialista. Ella los sorteó con la naturalidad de quien lleva años preparándose para ese instante.

Y quizá ahí radica la verdadera dimensión de lo ocurrido. No en el dato histórico. No en los récords. Sino en la imagen.

Una mujer mexicana, de pie en el centro del escenario más grande del futbol, sosteniendo la autoridad con la misma delicadeza con la que se sostiene un anhelo.

Hay triunfos que se levantan en una copa, que florecen de una manera más sutil, como una flor que consigue abrirse en medio del concreto, como una niña que un día se atrevió a soñar con un silbato y terminó haciéndole escuchar su voz al mundo entero.


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Olga Hirata
  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.
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