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Fanear y querer

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  • Nicolás Alvarado

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Imagine el lector la pérdida de un ser querido. Es triste. Supone lidiar con su ausencia permanente (a no ser en la memoria o en registros congelados en el tiempo), saber que nada nuevo y estimulante podrá aportarnos ya. Obliga a encarar la propia mortalidad.

Imagine ahora el lector que ese ser querido hubiera muerto en un entorno familiar emproblemado, con hijos que no se dirigen la palabra entre sí, a algunos de los cuales no hubiera visto en años, problemas económicos mal subsanados, ex parejas escandalosas, diferendos violentos a propósito de su última morada. ¿Qué haría? Aventuro que, de estar en posición para ello, impulsar una tregua familiar, garantizar el respeto a la memoria y los restos del difunto, contribuir a la construcción de una narrativa que enfatizara lo mejor de la vida y la obra de la persona añorada. A despecho, mantenerse al margen: asumir que la conflictiva familiar del muerto es cosa que solo incumbía a él, a sus parientes y a la ley, procurar la colocación de una mortaja limpia mientras la ropa sucia se lava en casa.

De ahí que no pueda sino pensar que el cariño que algunos mexicanos –muchos de los cuales moran en redes sociales– dicen tener por José José no es sino de dientes para fuera: que fanear y querer no es igual. Quien quiso a alguien recién desaparecido no opina sin información completa sobre la actuación de su familia, no insulta a su hija, ya solo porque hacerlo equivale a enlodar su legado. Querer es conceder a un sujeto la dignidad y el respeto que le son propios. Reducirlo al estatuto de mercancía —activo útil para vender piñatas, ganar seguidores o construir la propia identidad digital— es lucrar con su miseria: es fanear.

En El rey de la comedia de Scorsese, sagaz reflexión sobre la fama, una mujer manifiesta su admiración a un Jerry Lewis que se detiene en su recorrido apresurado para firmarle un autógrafo. Envalentonada, le pide entonces hable por teléfono con su sobrino. Siempre amable, Lewis declina: lleva prisa. El rostro de la mujer se transforma, pasa de la admiración a la maldición: “¡Ojalá te dé cáncer!”.

La mercancía ha reclamado su humanidad. El fan no la quiere ya. 

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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