Fue apoteósico, literalmente el festejo del Día Internacional de la Poesía en la antigua Ciudad de los Ángeles y en algunos municipios el pasado fin de semana y continuará en la presente.
No podía ser de otra manera: Gaspar Pérez de Villagra —consta en actas— fue el primer poeta nacido en la Angelópolis en 1555; escribió y publicó en 1610, en Alcalá, el libro Historia de la Nuevo México, en el cual narra la incursión de españoles y aliados a ese territorio. Los estudiosos han despreciado el libro considerando mala poesía en la que narra los hechos, y la prosa que agrega al texto.
Sin embargo, Pérez de Villagra es considerado el primer cronista de Estados Unidos de Norteamérica, y en la Universidad de Nuevo México se ha publicado su crónica en ediciones críticas, en el español original de su tiempo y en el actual, y en inglés.
Durante el virreinato descolló su texto porque era uno de los pocos poéticos que no estaba dedicado a temas religiosos en verso.
El siglo XIX —muy apretadamente contado—nos dejó a Manuel M. Flores como el gran poeta romántico, soldado contra los invasores franceses, profesor del Colegio del Estado, hoy BUAP y famoso más por su pasión que por su ceguera y la sífilis que finalmente lo mató.
El siglo pasado nos dejó al movimiento estridentista de Germán List Arzubide, al grupo Cauce de la Universidad de Puebla, a la Bohemia Poblana, y mujeres y hombres que escribieron poesía sin afiliarse a grupos o revistas.
Para los años ochenta del siglo XX, la BUAP fue la principal productora de poesía: sus poetas descollaron y la labor editorial se enriqueció, profesionalizó y es la raíz de lo que hoy vemos en la Fenali 39.
UDLA y UIA se han sumado a la labor poética y editorial, lo mismo que el ayuntamiento a través del IMACP, y el gobierno del Estado de Puebla a través de la Secretaría de Arte y Cultura, pero sigue siendo la BUAP la que descuella en esta, como en otras áreas de la educación y el arte.
Por ello es dado pensar: larga vida a la poesía en la Ciudad de los Ángeles.