Política

¿Quién la cuida?

En días recientes ha quedado en evidencia que no todos los colaboradores de la Presidenta son suficientemente cuidadosos y hemos sido testigos de cómo sus errores o malas decisiones terminan afectando la imagen presidencial. Menciono dos ejemplos concretos: el tema de las llamadas pensiones doradas y la manoseada reforma electoral.

En el primer caso se dieron a conocer públicamente cifras erróneas sobre el monto de las pensiones que reciben algunos jubilados de empresas públicas. Se habló de montos exorbitantes y se dieron a conocer los nombres de los supuestos “privilegiados”. Esta información se presentó en la conferencia matutina enfrente de la Presidenta y se utilizó para diseñar y justificar la iniciativa presidencial. Todo para que unos días después se emitiera un comunicado en el que se informara que una parte de la información era equivocada: que el pensionado de Pemex del que se dijo originalmente que recibía cerca de medio millón de pesos al mes en realidad apenas percibía 63 mil pesos mensuales; que la otra persona de la que se había dicho que ganaba cerca de un millón de pesos al mes en realidad no recibía más de 160 mil pesos mensuales. Usted disculpe las molestias que la prisa le ocasionan. La reforma terminó saliendo, pero fue evidente el desaseo con el que se justificó.

El otro caso es todavía peor, aquí hubo múltiples equívocos. Después del fracaso de la propuesta original se activó un llamado plan B. Esta propuesta, muy distinta a la original, procedió entonces a negociarse con los partidos supuestamente aliados. Después de múltiples reuniones finalmente se anunció que se había llegado a un acuerdo definitivo y los dirigentes de los partidos de la coalición gobernante se tomaron la foto muy sonrientes teniendo como testigo a la Secretaría de Gobernación. Al poco rato, sin embargo, comenzaron a aflorar problemas de dos tipos: uno político y otro técnico. Por un lado, que lo presentado no era lo que se había acordado, que sí apoyamos, pero que en eso no quedamos, que sí pero no ahorita. Por el otro, se supo rápidamente que la iniciativa tenía errores elementales, que si se ponía un número mínimo de regidores por municipio en realidad aumentaría el tamaño de los cabildos y que saldría más caro el caldo que las albóndigas, que se elegirían a más regidores, no a menos como se pretendía. Un desastre pues. Al final, se corrigieron los errores técnicos en las Comisiones del Senado, se negoció lo que ya se había negociado, se rasuró la iniciativa y terminó saliendo un tirititito, como diría el clásico.

A todo esto, ¿quién se equivocó proporcionándole a la Presidenta información administrativa errónea? ¿Quién le informó que ya se había acordado lo que no se había acordado? ¿Quién elaboró una propuesta de reforma sin revisar con cuidado aspectos esenciales de la misma? ¿Quién descuida a la Presidenta y quién afecta la imagen presidencial? ¿Quién la cuida y quién la apoya? Son preguntas que vale la pena responder. A diferencia de los causantes de los errores, la Presidenta sale a dar la cara todos los días. Ya corrió una cuarta parte de esta gestión presidencial. Ya no estamos para errores de novatos.


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Gerardo Esquivel
  • Gerardo Esquivel
  • Economista.
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