• Regístrate
Estás leyendo: Guardia y Huachicoleo
Comparte esta noticia
Sábado , 23.03.2019 / 07:47 Hoy

Columna de Miguel Zárate Hernández

Guardia y Huachicoleo

Miguel Zárate Hernández

Publicidad
Publicidad

Tan abrumador ha sido el problema del desabasto de combustible que parece como si nuestros demás problemas se olvidaran. Mientras nos recetan todas las mañanas letanías como “ni un paso atrás”, “tengan paciencia”, “resistan”, ”no somos iguales”, como si los ciudadanos estuviéramos comprometidos en una guerra que por justa no está nada exenta de la ineptitud, imprevisión y contundente ineficacia del gobierno federal para meter mano en la olla de alacranes del huachicoleo sin causar tanto daño a la población. ¿Qué tanto pensamos cuando formamos esas largas, eternas filas para una compra tan elemental como la gasolina? ¿realmente nos felicitamos de la medida? ¿nos olvidamos de que el desabasto, como se está especulando, no es solamente por el combate al robo sino también porque hay docenas de barcos tanque varados en nuestros puertos sin poder descargar, o que sin decir agua va este neogobierno, de entrada, casi paró en seco las importaciones de combustible? Todas estas preguntas y elucubraciones bien podrían parar con la sola información puntual por parte de Andrés Manuel López en sus ruedas de prensa matutinas donde explique que está haciendo su gobierno, que estrategia está implementando, cuando se solucionará y cómo seguirá operando en el futuro para que el huachicol no siga sucediendo.

Y mientras en muchas décadas no se recuerda un problema igual, los gobiernos locales reaccionan de diferente manera. La verdad no dejó de sorprender la actitud del joven gobernador panista de Guanajuato, Diego Sinuhe Rodríguez, quien sin más se lanza a realizar, a través de las empresas transnacionales autorizadas (Mobil, Shell, etc.), importaciones directas de combustible en Estados Unidos. Esto, principalmente en virtud de que, como sucedió con el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, han recibido promesas incumplidas de parte del director de Pemex, el agrónomo Octavio Romero, sobre incrementar el abasto. Pero sabemos lo limitado que son los gobiernos de las entidades para afrontar por sí solos estas y otras situaciones que le corresponden por ley a la Federación.

Sin embargo, decíamos que todo ello aparta nuestra mente de otras cuestiones que serán de enorme trascendencia, como la integración de la Guardia Nacional, cosa en la que hay que destacar, por qué no decirlo, los señalamientos del gobernador Alfaro, que luego fueron reiterados por el alcalde de Guadalajara, Ismael del Toro, durante la consulta convocada por la Cámara de Diputados. El punto fundamental esgrimido fue que dicha Guardia no tuviera mando militar sino civil. Ante la tunda que recibió la iniciativa original, no sólo de autoridades locales sino también de organizaciones civiles como la de María Elena Morera quien expuso que sólo los regímenes autoritarios tienen mandos militares en seguridad pública, o la mismísima subcoordinadora de la bancada morenista, Tatiana Clouthier, quien de plano dijo que dejar la citada Guardia en manos del ejército era como poner a éste en la antesala del gobierno de México, todo cambió.

Cosa rara, muy rara, la idea original, al menos esta, no “va porque va” sino que gracias a la “sensibilidad” del presidente de la República, cambió, según dijo Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Pública y en quien, por lo visto, recaerá ahora el primer mando de dicha Guardia. Incluso, el titular de la Sedena, Luis Crescencio Sandoval, dijo algo que quizá pasó inadvertido pero que lleva un trasfondo enorme: consideró que las fuerzas armadas obedecerán siempre, incluso si su propio mando de defensa estuviera en un civil. Y es que de hecho constitucionalmente así es ya que el mando supremo es el titular del Ejecutivo. Hay que recordar que, por ejemplo, en Estados Unidos la Secretaría de la Defensa debe ser encabezada por un civil o por un ex militar con al menos diez años fuera del servicio.

Y es que esto de la “guardia nacional” no es nada nuevo. Con sus variantes, existe como tal en muchos países europeos (Francia la reconstituyó hace apenas un par de años), en Latinoamérica abunda y hasta en el propio Estados Unidos, aunque en este caso es una fuerza de reserva a base de voluntarios y controlada por los estados. La de México, ya prácticamente un hecho, aunque hay quienes continúan renuentes por algunos motivos a su creación, al menos será encabezada por mando civil que, muy curioso, ahora tendrá a su cargo grupos como las policías militares, “el pie veterano”, como se dijo.

Entre lo que falta aclarar, y ojalá lo sea, es si también se tomarán en cuenta planteamientos como los hechos por el gobernador Alfaro en cuanto a si se mantendrán principios de soberanía estatal y, sobre todo, si realmente habrá coordinación con las autoridades locales. La verdad es que a ciencia cierta todavía estamos lejos de considerar en que la Guardia Nacional será una panacea para los problemas de seguridad que padecemos en todo el país. Pasarán años para que notemos un cambio real, si es que se da. De ahí que no se deben abrir espacios para que el hampa se posicione dada su evidente habilidad para adaptarse a nuevas circunstancias. El gobernador hace bien en señalar las cifras de delitos “maquilladas” por su antecesor para que luego no se le diga que va peor, pero el problema existe y hay que afrontarlo con todo lo disponible.

Tomemos el ejemplo, mal ejemplo, por cierto, de que los agudos problemas se tienen que resolver porque nos “colman el plato”. La Guardia quizá llegue a dar resultado, pero no será suficiente. Como en todo, hay que planear, organizar, consultar, mejorar sin afectar, coordinar y aplicar verdaderas soluciones. Sólo así, “me canso ganso” que se estará en el camino correcto.


miguel.zarateh@hotmail.com 

Twitter: @MiguelZarateH





Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.