Sin duda el futbol es un fenómeno de nuestro tiempo, el tiempo de hoy. Un juego, sí. Y algo más. El dato con el cual se diferencia el futbol es el gran número de personas relacionadas con ese deporte y, desde luego, las pasiones que despierta. Dede luego la relación más completa y compleja con ese deporte la tienen quienes son o han sido jugadores profesionales. Sin embargo, los miles de aficionados, “hinchas” en argentino, alrededor del mundo, de Sudáfrica a los fiordos noruegos, del imperial Japón al imperialista Estados Unidos; todos esos millones dejan todo por asistir, en vivo o en electrónico, a los partidos en los cuales el equipo de sus amores se juega un título, vencer al acérrimo contrario o romper una racha de derrotas, o… mil razones más.
También el futbol se ha ganado la primacía de entre todos los juegos profesionales en este nuestro tiempo, por causa del ejemplo dado por varios, bastantes, jugadores, quienes sus jugadas son brillantes, productivas en goles y a veces espectaculares en su ejecución. Brincar más arriba que todos los jugadores ubicados en el territorio del área chica de la portería de los contrarios, esperando la llegada de la pelota enviada por un compañero sabio, capaz de poner la pelota justo donde su cuerpo, mente y saber le dice que ese es EL lugar perfecto para brincar y pegarle a la pelota de tal modo que, aparezca dentro de la portería de los contrarios. Esas jugadas son las fenomenales, las cuales le dan al futbol el primer lugar entre todos los juegos de conjunto. Lugar en dinero, seguidores, negocios y fama.
Toda esa belleza fenomenal hoy se puede producir por el proceso económico que lo puede sostener. El futbol se puede jugar en un terregal, entre equipos formados para cada juego con quien llegó al lugar para jugar o para divertirse y a quien lo invitan a participar para reunir a los jugadores necesarios para formar equipo. El paso al futbol de estadio, de clubes que forman equipos con profesionales, quienes tienen un contrato y reciben una paga, a ratos millonaria; no viene del terregal. Viene de una mente traductora de las jugadas brillantes en el terregal, al lucrativo negocio llamado futbol profesional. Por cierto, lo iniciado en el futbol se repitió en otros deportes: beisbol y básquetbol.
El mundial de futbol es hoy el top 1 de los eventos deportivos, excepto los Juegos Olímpicos. El mundial de futbol es un fenómeno pues se basa en equipos nacionales, llamados selecciones pues alguien escoge a los mejores jugadores de cada posición para formar dichas selecciones de cada país. Y el juego se organiza en estadios que reciben con boleto pagado, a veces, con cantidades por arriba de tres ceros. Los representativos de un país exaltan el patriotismo, y el triunfo genera festivales inigualables en otros deportes. Son celebraciones fenómeno. También por esto el futbol es un fenómeno.
Existe otro ingrediente para afirmar la primacía de lo fenomenal del futbol. A saber, la televisión. Este fenómeno comunicativo está basado en equipos sostenidos por un club deportivo. La televisión transmite en vivo los partidos de las ligas de cada país, algunas con transmisión internacional. Con esa tecnología lleva todos los partidos de un mundial de futbol, los campeonatos regionales jugados entre los países participantes de la región, y los juegos de las ligas de cada país a la casa de todos los aficionados mundiales, en tiempo real, y en repetición por si hace falta. Crece el fenómeno característico del futbol, y crece el negocio pues vende el gozo del futbol “sin salir de casa”.
Pregunta necesaria: ¿Aprendemos algo del fenómeno del futbol? ¿Nos ayuda a educarnos conocer detalles de ese mar de partidos de futbol? ¿Se repite ese fenómeno en materia de ciencia o de política? No pasa igual con los discursos de los presidentes de los países con capacidad de transmitir al mundo el futbol. Tampoco los adelantos de la medicina o de las técnicas de construcción son materia de atención televisiva más allá de unos minutos en el noticiero del día. Apenas los desastres naturales alcanzan a mover a la televisión y al periodismo en la misma forma y tiempo que un partido de futbol.
¿Qué pasaría si se hiciera un campeonato mundial de los conocimientos científicos para curar o controlar la diabetes? Desde luego en el supuesto de que cada centro de investigación en medicina tiene un proyecto de estudio de la diabetes y otros flagelos, puede mostrar sus avances, dudas, resultados, fracasos… a grupos de personas muy numerosos con ayuda de los programas de Inteligencia Artificial, por televisión y en vivo en uno de los grandes auditorios y así el público podría ver, analizar, aplaudir más, menos o nada según su parecer respecto de las diversas presentaciones. Si se pretendiera tal ejercicio, seguro se escucharía como una propuesta loca. Lo fenomenal se reserva para unas cuantas materias, cuyo número no supera el número de dedos de una mano humana.
La magia del futbol, que la medicina y otras ciencias no las tienen, ni la tendrá, está en empatizar con el público, en concreto con los aficionados de cada equipo de futbol. El entusiasmo y las emociones frente a los avatares de un partido de futbol es incomparable.
Y ¿si preguntáramos por la educación? Desde luego, hay afición a la escuela o institución a la que se asiste y donde se aprende. Y sí, habrá pasión deportiva por los equipos de la institución educativa. Y si ese equipo es triunfador, pues más arrastre de estudiantes y profesores. De ahí, es posible pasar a un club profesional y participar en el fenómeno futbolístico. Puede ser el equipo de un universidad distinguida por la calidad de su programa de formación de médicos o cualquier otra profesión y a la vez tener o no amplio respaldo de su equipo universitario, siempre y cuando atraiga a los estudiantes y logre su apoyo, logre ser fenomenal. El super equipo universitario será apreciado y buscado. Quien sabe si pasara lo mismo con la demanda de ser estudiante de tal centro educativo.
La reunión de los miles de personas para celebrar los partidos de la selección mexicana de futbol consagró, una vez más, a ese deporte como un fenómeno capaz de movilizar a miles frente al hecho, un suceso, una persona o un grupo deportivo. Ser un fenómeno sube a lo más alto la responsabilidad del futbol mexicano de ser ejemplo nacional. Por ahora no hay más fenómenos en este país. Así, está dada la oportunidad de trabajar en constituir otros fenómenos en temas y áreas importantes para hacer más fuerte a nuestro país.